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Ataques presidenciales dan la espalda a la democracia

El infundado y sistemático ataque del presidente Donald Trump contra la prensa persigue callar a una institución medular en nuestra sociedad democrática, cuya misión se centra en proveer la información fidedigna que propicie el bienestar ciudadano.

Presidential attacks turn their back on democracy

Hoy, cerca de año y medio después de la juramentación presidencial, un nutrido grupo de medios, en respuesta al llamado de indignación que ha hecho The Boston Globe, expresamos nuestro rotundo rechazo al patrón de arremetidas injustas y destempladas que exhibe el mandatario de una nación forjada en la democracia.

La estrategia errada de calificar como noticia falsa la información que no le complace, y rehusar contestar preguntas de reporteros fiscalizadores, son parte un esfuerzo concertado para minar la credibilidad del sector responsable de asegurar la transparencia gubernamental.

Estas prácticas del presidente Trump son desacertadas y atropellan a la sociedad. Respetar las instituciones que sostienen la vida democrática es un deber presidencial, toda vez que el derecho a la expresión y de acceso a la información es fundamental para el progreso y la paz social.

Lamentablemente, nuestra sociedad está amenazada desde la cumbre del poder presidencial en Washington. Se trata de una campaña de ataques de tergiversación del trabajo de los medios.

Los señalamientos falsos adquirieron un tono de peligrosidad en un evento político en Pensilvania, cuando el primer mandatario apuntó al grupo de periodistas y les dijo a sus seguidores que “ellos fabrican noticias falsas”. Complementó la andanada con la acusación por una red social de que la prensa es enemiga del pueblo, reviviendo las falsedades de la jornada electoral.

Esta retórica hostil en contra de los medios constituye una amenaza a la circulación libre de las ideas y datos para el consumo ciudadano. Su objetivo es claramente controlar el contenido noticioso que no se ajusta a sus intereses políticos.

Condonar que desde el poder político se lacere el respeto a la expresión, a las opiniones ajenas y al disenso equivale a reducir el poder ciudadano que surge del conocimiento y la información relevante. Por ello condenamos con todas nuestras fuerzas el intento de limitar el acceso a la información veraz que surge del ejercicio profesional del periodismo.

Buscar reacciones y refutar datos incorrectos no convierten las noticias en mentiras. La pretensión de doblegar al periodismo para que favorezca las posturas oficiales es dañina a la propia gestión presidencial, que se distrae de asuntos cruciales para la nación.

La cultura de fiscalización periodística produce investigaciones que se adentran en las complejidades de los asuntos, sus causas, efectos y posibles soluciones. Las propuestas que emergen de las dinámicas saludables entre los medios y los poderes públicos abonan a una sociedad más alerta y lista para aportar a la construcción de su futuro.

Los ataques que buscan sembrar dudas sobre la verticalidad de los medios y sus periodistas atentan, por el contrario, contra el debate sano y la tolerancia al disenso por los que tanto Estados Unidos ha luchado desde sus inicios como nación libre.

La historia estadounidense y la de otros países demuestran lo nefasto que han sido los discursos que señalan a grupos por sus características raciales, étnicas, religiosas, o de otro tipo. Los extremos a los que llevan estos mensajes han sumido a miles en profundo dolor, y en gran vergüenza a sociedades que se preciaban de ser democráticas.

Nos unimos para reclamar al presidente Trump que demuestre su compromiso con los valores democráticos, cesando su hostilidad sistemática contra la prensa que fiscaliza a su administración. Los mensajes de desprecio que rayan en el odio han sido replicados por miembros de su gabinete y de la clase política. Ese intento de intimidación es altamente peligroso porque una ofensiva a la libertad de prensa es también un ataque a la libertad de pensamiento del individuo en la democracia.

Nuestro rechazo a la intimidación presidencial contra los medios es evidencia de nuestro inquebrantable compromiso con la libertad de expresión y de acceso a la información. No nos quedaremos callados. El ataque de hoy contra el colectivo puede perpetrarse mañana contra el individuo.

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