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Atender la salud mental es vital para superar la crisis

Los sismos que han sacudido a Puerto Rico no solo han derrumbado o agrietado viviendas y otras edificaciones e infraestructura, con el consecuente efecto sobre la economía de la isla. También han sacudido muy profundamente la salud mental de la población, sobre todo en la región suroeste, la más afectada por los fenómenos.

Es extremadamente importante que las autoridades presten la debida atención a este problema, mientras se mantenga el estado de incertidumbre de miles de personas que viven temerosas y ansiosas.

Por el momento, las agencias de gobierno y organizaciones no gubernamentales han estado dando la mano, mayormente en los refugios manejados por las autoridades en el suroeste. Pero hace falta más, sobre todo en lo profundo de las comunidades cuyos ciudadanos duermen en casetas de acampar, bajo carpas o en sus carros, reacios a regresar a sus residencias.

Los servicios del gobierno y de la mayoría de las entidades no gubernamentales se han concentrado en los campamentos más grandes. De acuerdo con la información disponible, todavía muy poco ha llegado a la ruralía, donde la gente sigue lidiando a diario con las resacas emocionales de los sismos.

Hay abundantes indicios de que la situación en los barrios más cercanos al epicentro de los sismos es grave. En el sector Lima, del barrio Barinas, en Yauco, que queda a minutos de la zona de mayor actividad sísmica, casi todos los vecinos duermen fuera de sus casas, por miedo a las réplicas. Según constató este medio al convivir con esos ciudadanos, aunque sus hogares no presentan daños estructurales, prefieren pernoctar afuera porque los movimientos telúricos fuertes allí persisten. Al igual ocurre en otras comunidades visitadas por El Nuevo Día en Guánica, Guayanilla, Peñuelas y otros pueblos del sur, donde se han documentado situaciones de precariedad exacerbada, así como testimonios elocuentes que reflejan gran ansiedad y tristeza. En pueblos de la montaña hay también grupos notables de personas con todas las señales del síndrome de estrés postraumático.

Expertos han advertido que las réplicas de los sismos van a seguir por semanas o quizás meses, por lo cual es impostergable que en los planes de recuperación y de atención a las comunidades incluyan, de forma sistemática, el aspecto de la salud mental. Personal y organizaciones expertas en el campo del comportamiento humano han aportado a promover tranquilidad ante circunstancias que además exacerban ánimos al prolongarse la alteración de la cotidianidad. No obstante, los esfuerzos deben persistir, y de forma estructurada, para ayudar a más ciudadanos.

La movilización de más especialistas médicos y el énfasis en el control de enfermedades en los refugios formales, donde además se procurará la vacunación de niños y adultos, según anunciado por el Departamento de Salud el domingo, es un paso acertado. La agencia, además, prometió el envío de grupos de sicólogos. Esos profesionales y personal de apoyo, sin embargo, deben ser movilizados también a campamentos informales donde la necesidad de consejería e intervención de estos profesionales es necesaria igualmente, para promover sosiego, clave para fomentar la recuperación.

Es importante también el apoyo de equipos que trabajen para restablecer servicios básicos de agua potable y electricidad en pueblos donde las casas y otras edificaciones no tienen daño severo. Así se facilitará el restablecimiento de las actividades regulares en los municipios y barrios más distantes de las ciudades.

Adelantar en estas iniciativas contribuirá a pacificar ánimos y aplacar sentimientos como tristeza, coraje o frustración, para evitar su canalización negativa. La tarea debe trascender el reto inmediato porque el país históricamente ha tenido una débil estructura de servicios de salud mental y ha quedado demostrada la importancia medular de reforzarla como factor relevante para adelantar la recuperación. Puerto Rico necesita ciudadanos de ánimo fortalecido para retomar tareas transformadoras de nuestra sociedad.

El apoyo a la salud mental será determinante. Con la solidaridad que nos caracteriza, lograremos la recuperación como país renovado.

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