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Bálsamo de recreación positiva para Puerto Rico

La sexagésimo segunda edición de Serie del Caribe, celebrada del 1 al 7 de febrero en el estadio Hiram Bithorn de San Juan, representó un bálsamo de recreación y estímulo para el pueblo de Puerto Rico, así como para miles de hermanos latinoamericanos que visitaron la isla para disfrutar en el parque capitalino los partidos de béisbol o siguieron la acción deportiva por radio, televisión o medios digitales.

La competición deportiva regional demostró nuevamente con elocuencia su potencial para estrechar los lazos de hermandad entre los pueblos caribeños de República Dominicana, Venezuela, México, Colombia, Panamá y Puerto Rico, cuyas novenas realizaron los mayores esfuerzos por representar dignamente a sus países.

Durante siete días, miles de personas se mantuvieron atentas a la acción deportiva diurna y nocturna en el festival de 18 partidos que culminaron en la noche del viernes, cuando los Toros del Este, representantes de la República Dominicana, se coronaron campeones del torneo al derrotar 9-3 a los Cardenales de Lara, de Venezuela. El júbilo de los hermanos dominicanos fue compartido con los boricuas ya que el dirigente de la novena quisqueyana fue el puertorriqueño Lino Rivera.

El evento deportivo constituyó un oasis de distracción positiva para la población puertorriqueña ante las situaciones complejas que vive el país tras el terremoto del 7 de enero y sus réplicas. Para los seguidores del deporte en general, la serie también representó un periodo de ánimo tras recientes noticias negativas como las relacionadas con la investigación sobre prácticas irregulares en las Grandes Ligas, vinculadas al robo de señales con apoyo tecnológico, y las de la trágica muerte del baloncelista Kobe Bryant y su hija Gianna, de 13 años.

Aunque en esta ocasión no hubo presencia significativa de figuras estelares latinoamericanas de las Grandes Ligas en el terreno de juego, los aficionados apoyaron con entusiasmo a los jugadores, en muchos casos jóvenes con prometedoras carrereas en este deporte, uno de los favoritos a nivel mundial.

Para los jóvenes peloteros que se unieron a otros de mayor experiencia en las delegaciones de sus respectivos equipos la exposición abarcadora de su desempeño en estos juegos contribuyó a su mayor reconocimiento y debe representar un impulso para continuar con empeño sus carreras e incluso adelantar su ingreso a ligas internacionales.

En esta edición se echó de menos en la isla a la representación de Cuba, ausente debido a problemas con el visado que otorga el gobierno de los Estados Unidos, pero la presencia de Colombia dejó buena impresión a los países miembros de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe, aunque se despidió del torneo sin victorias.

El evento deportivo incluyó momentos sumamente emotivos como el homenaje a integrantes del denominado equipo de ensueño boricua, que alcanzó el campeonato de 1995 y que incluyó a figuras estelares de las Grandes Ligas como Roberto Alomar, Carlos Baerga, Rubén Sierra, Juan “Igor” González, Carmelo Martínez, Ricky Bones, Rafael Montalvo, Roberto Hernandez y Rico Rossi.

La asistencia masiva al estadio Hiram Bithorn representó una inyección económica importante para el país, así como para el turismo. La cifra de asistencia total al cierre del evento ascendió a 110,149 personas. Resultó significativo que más allá de la acción deportiva, los visitantes disfrutaron al degustar una oferta mayor de gastronomía local en el parque y participaron de actividades culturales en ese mismo escenario.

En tal sentido, fue acertado que los organizadores, con la colaboración del Municipio de San Juan, pudieron apreciar la exposición del trabajo de una veintena de artesanos puertorriqueños que tuvieron su centro de operaciones en el estadio sanjuanero. Igualmente representó un elemento de atracción recreativa adicional la serie de presentaciones musicales con artistas locales en la zona de la acción deportiva.

Aunque Puerto Rico no conquistó el campeonato, su joven equipo desempeñó un noble esfuerzo deportivo. Mientras, el país revalidó como anfitrión de excelencia en un evento de sana competición y fraternidad con nuestros hermanos caribeños.

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