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Cada gesto cotidiano de gratitud fortalece la paz

El agradecimiento es una forma de asumir la vida que, llevada a la acción, multiplica su potencial transformador. Así lo han confirmado estudios científicos que documentan sus efectos beneficiosos y sanadores.

Hoy, cuando se conmemora el agradecimiento de los inmigrantes que llegaron a Norteamérica huyendo de la represión del otro lado del océano, muchas familias puertorriqueñas se unen a la efeméride como ocasión de confraternizar con parientes y amistades. Aprovechemos la oportunidad para activar el poder de la gratitud mediante gestos cotidianos.

En los hogares donde aflora la paz familiar, demos gracias por contar con ese calor humano, aun en tiempos de tempestad. Una forma de poner el agradecimiento en acción es aportar al bienestar de otras familias que sufren soledad, maltrato o violencia. Se aporta, por ejemplo, cultivando una cultura de respeto y equidad. O socorriendo a las mujeres y niños que desde la soledad y el silencio claman por ayuda.

Cientos de personas de edad avanzada pasarán hoy el día solas, a veces en condiciones empobrecidas. Podemos evitarlo con nuestra compañía, alegría y alimento, y permitiendo que nos cuenten sus recuerdos. Seguramente, habrá en esas historias alguna lección de vida que nos ayude a atravesar mejor estos tiempos nuestros.

Hay oportunidad de dar gracias donde abunda la provisión, sirviendo a aquellos que carecen de alimento. Un reciente informe periodístico publicado por este medio revela que una tercera parte de la población en la isla no puede alimentarse con regularidad. Cientos madrugan en filas donde se distribuyen alimentos gratuitos. Muchos son ancianos, personas enfermas o en cama, que dependen de la ayuda que brindan instituciones y de gente consciente de que compartir es una responsabilidad moral.

Agradecer es también trabajar para transformar las estructuras de gobierno, sociales, económicas y políticas que sostienen la desigualdad. A punto de entrar en la tercera década del siglo 21, es inexcusable, por ejemplo, que las mujeres - el 52% de la población - reciban ingresos que, en promedio, equivalen al 81% de lo que se paga a los hombres. Dicha condición absurda de subordinación niega derechos y oportunidades, e incide en que la mayoría de nuestros niños y jóvenes viva bajo los niveles de pobreza.

Por otro lado, en tiempos en que el mundo sufre enfrentamientos detonados por la polarización política, la corrupción y el abuso de poder, Puerto Rico puede dar gracias porque su pueblo cuenta con la fuerza de la democracia para ejercer sus libertades y trabajar por un mejor país.

Una forma de agradecer es trabajar para fortalecer la paz por medio del diálogo entre quienes disienten para que produzca una mejor convivencia. Las tiranías se valen de lo contrario; de la división entre la población con los pretextos que más les convengan. Convirtamos el agradecimiento en acción evitando que las creencias de cualquier índole se impongan por fuerza de la intolerancia, la represión y la violencia que, a la larga, debilitan a todos por igual.

Asimismo, la celebración de hoy nos ofrece espacio para mirar alrededor y admirarnos de la inmensa belleza que atrae a nuestra isla a millones de visitantes. Agradezcamos cuidando nuestros recursos, acogiendo a los turistas con generosidad y el mejor servicio posible para generar en ellos un sentido de retribución que los traiga de vuelta.

Al admirar nuestras playas y montañas, demos gracias también por las maravillas que nos ofrece el planeta. Agradezcamos reduciendo nuestra huella ecológica. Propiciemos, así, que las próximas generaciones puedan disfrutar y multiplicar las razones para agradecer. Procuremos que, sin esperar a días como hoy, el dar gracias sea actividad cotidiana creadora de paz, justicia y bienestar.

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