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Comprensión y espacio para superar este difícil momento

La empatía y la acción asertiva, a nivel familiar y gubernamental, componen la fórmula adecuada para que nuestro pueblo pueda recuperarse de la ansiedad y los daños materiales provocados por los sismos de alta magnitud experimentados por primera vez en Puerto Rico en más de 100 años.

La solidaridad debe estar en primera fila ante el sentido de incertidumbre que ha agobiado a muchos ciudadanos, en especial a los residentes del sur que han sufrido de forma directa el terremoto del 7 de enero. Esa voluntad férrea es también requisito para emprender una recuperación organizada, que brinde a las autoridades gubernamentales el espacio razonable para calibrar la magnitud de los destrozos y llevar a cabo las reparaciones, de forma segura para los trabajadores.

A todos nos corresponde colaborar con la recuperación material y emocional de las familias damnificadas, así como con la reconstrucción de las infraestructuras averiadas. En particular, tenemos la responsabilidad individual y colectiva de distanciar el ruido obstaculizador de los procesos necesarios para poner de pie el sistema de generación eléctrica. Este paso es vital para la normalización de la vida doméstica, social y económica del país.

La Autoridad de Energía Eléctrica anticipa que el 100% de los abonados tendrá servicio en los próximos días, previendo intermitencias por algunas semanas. Apenas días después del terremoto, cerca de la mitad de los abonados tiene energía eléctrica.

Era previsible que la intensidad del terremoto de 6.4, sumada a las condiciones de las generatrices, dificultase el restablecimiento inmediato del servicio. Por tratarse esta vez de problemas localizados, no generalizados como fue la destrucción de la red en toda la isla a causa del huracán María, también es de esperar que tome menos tiempo recuperarlo en su totalidad.

Sin embargo, nuestro reciente encuentro con la fuerza sorpresiva de la naturaleza reitera la urgencia de que Puerto Rico priorice en la edificación de un sistema energético que responda a los retos sociales, económicos y ambientales, actuales y futuros. Nuestro país necesita adoptar las tendencias energéticas más modernas en ruta hacia fuentes costo-efectivas y más limpias, en alianza con el sector privado, como dispone la nueva política energética.

Por otro lado, el gobierno también requiere espacio para confirmar, con el rigor científico adecuado, que estudiantes, maestros y demás personal contarán con escuelas seguras al inicio del semestre. El terremoto ha demostrado que es necesario inspeccionar periódicamente los planteles para asegurar su solidez ante potenciales eventos.

Los residentes del suroeste, en particular, necesitan sosiego. Cientos de familias han pernoctado en refugios, plazas y estacionamientos, algunos porque sus casas se afectaron; otros, temerosos de quedar atrapados por otro evento. Además de provisiones, hay que ofrecerles aliento y gestionar soluciones a largo plazo. El gobierno yacoordina con los municipios atención y apoyo profesional. Debe ofrecerse techo seguro a aquellos cuyos hogares colapsaron, tienen fallas estructurales o están en terrenos inestables.

Mientras el gobierno hace su parte, los ciudadanos pueden contribuir con donaciones o trabajo voluntario a través de organizaciones sin fines de lucro que también llevan ayudas y consuelo a estas familias. Afortunadamente, la sacudida del martes no afectó a toda la isla con la misma intensidad que al suroeste. Quienes están en mejores condiciones están llamados a aportar también paz y cordura para lograr una recuperación pronta y responsable de las familias afectadas.

Los eventos con los que comienza este año son una nueva oportunidad para reconocer nuestras fragilidades y fortalezas, a la luz de los devastadores huracanes de 2017 y del enjambre telúrico reciente. Convocan a meditar sobre lo que Puerto Rico tiene que transformar.

Cuando un país se divide ante la crisis, se debilita más. Antes que echar culpas por acciones incontrolables de la naturaleza, exploremos, como individuos y como sociedad, cuánto podemos contribuir a cambiar lo que nos hizo más vulnerables.

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