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Desplazado el balance del Tribunal Supremo federal

El nombramiento del jurista Brett Kavanaugh anticipa la intensificación del conservadurismo en las decisiones del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, cerrando más la puerta al balance ideológico en el alto foro.

Con esta importante designación, que tiene toda probabilidad de ser avalada congresionalmente, el presidente Donald Trump ha respondido a las expectativas de su base electoral conservadora. Con la confirmación de Kavanaugh, de 53 años, es de esperarse que el mandatario logre apuntalar por décadas una sólida mayoría conservadora en uno de los organismos más decisivos de Estados Unidos.

Los fallos del alto foro sientan jurisprudencia y tienen un impacto directo y perdurable en la vida ciudadana. En ese sentido, la orientación ideológica de estos jueces con cargos vitalicios se considera tan importante como su formación académica y la teoría que favorecen para interpretar la Constitución.

El Supremo avaló la esclavitud en la sentencia Dred Scott versus Sandford en 1857, en vísperas de la Guerra Civil. En 1954 puso fin a la segregación en las escuelas en el caso Brown versus el Consejo Educativo de Topeka, y en 1973, en Roe versus Wade, despenalizó el aborto.

En los últimos años, el alto foro ha resuelto múltiples casos por un voto, con el juez Anthony Kennedy, un conservador moderado que ahora se retira, como el que muchas veces inclinaba la balanza hacia un lado u otro. Por ejemplo, en Obergefell versus Hodges, de 2015, Kennedy suscribió la opinión que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero en Masterpiece Cakeshop versus la Comisión de Derechos Civiles de Colorado, redactó la decisión que respaldó a un pastelero en su negativa a preparar un bizcocho nupcial para una pareja homosexual.

Las decisiones que emita de ahora en adelante la Corte Suprema sobre asuntos sensibles relativos a la familia, el aborto, la muerte, los derechos civiles, la inmigración y la relación entre los gobiernos estatales y el federal, entre muchos otros, impactarán a Puerto Rico. El precedente inmediato es Pueblo de Puerto Rico versus Sánchez Valle, de 2016. El alta corte rechazó la tesis de que el gobierno del Estado Libre Asociado tiene soberanía para radicar cargos en ciertos casos criminales y estableció que la última fuente de poder a esos fines es el gobierno federal.

Ante el Supremo podría llegar igualmente la impugnación a la ley federal Promesa que dio base a la creación de la Junta de Supervisión Fiscal, en un pleito que se verá en la sala de la jueza de distrito federal Laura Taylor Swain.

Mientras tanto, Kavanaugh, hasta ahora juez apelativo en Washington D.C., sucederá al juez Kennedy. Formado en la Universidad de Yale, es un conservador reconocido entre los republicanos por su participación en la investigación contra el presidente Bill Clinton en el caso sobre la interna de la Casa Blanca, Monica Lewinsky.

Sin pretender predecir la forma en que Kavanaugh tomará sus decisiones ni menoscabar sus méritos como letrado, podemos enunciar que su designación expone a la nación estadounidense y sus territorios a una visión más conservadora en la jurisprudencia.

Ya el Supremo tiene en el juez asociado Neil Gorsuch, igualmente nombrado por Trump, a otro conservador. Este dio los primeros pasos de su carrera como colaborador del juez Kennedy y ha sustituido al fallecido juez ultraconservador Antonin Scalia.

Con su segunda designación al Supremo, Trump está consolidando una mayoría de cinco conservadores frente a cuatro liberales en una corte que ha mostrado un sesgo conservador en sus fallos recientes. Uno de ellos es la validación de la orden ejecutiva de Trump que prohíbe el ingreso a Estados Unidos de personas procedentes de cinco países de mayoría musulmana.

El Supremo es el último e inapelable foro donde se sostienen o eliminan leyes y prácticas que modelan la sociedad. Esperemos que la corte que se conforma abone al progreso del país y al de todos sus habitantes por igual.

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