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Ejemplo para el mundo proyecto en Martín Peña

La entrega del Premio Hábitat de la ONU a los gestores del Proyecto Enlace del Caño Martín Peña, que tuvo lugar en Ecuador, se produce en momentos en que hay que salvaguardar, a toda costa y a pesar de la crisis, las conquistas realizadas en los ámbitos ambiental y comunitario.

Concentrados en defender la permanencia de los vecinos que por generaciones han habitado la zona, y agrupados dentro de la organización G-8, que representa a los ocho barrios aledaños al cuerpo de agua de seis kilómetros de extensión, el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña es un proyecto de futuro, colaboración y solidaridad. Precisamente el Premio Hábitat es concedido por la Organización de las Naciones Unidas a las iniciativas innovadoras en el campo de la vivienda, pero además replicables, que significa que puede copiarse con éxito en otras partes del mundo.

Ya el pasado mes de febrero, la Corporación del Proyecto Enlace, que lidera los esfuerzos de rehabilitación del Caño, recibió la noticia de que la Secretaria Auxiliar del Ejército de los Estados Unidos, Jo Ellen Darcy, había aprobado la asignación de $500,000, a fin de dedicarlos a la fase de diseño y restauración ambiental de todo el sector.

Esos fondos eran tan solo un anticipo de los $150 millones que están autorizados desde 2007, a través de la Ley Federal para el Desarrollo de Recursos de Agua, y que de aprobarse el Estudio de Viabilidad, serían liberados paulatinamente, haciendo realidad el monumental dragado que necesita el Caño.

Un dragado de esa magnitud no solo es revitalizador a nivel geográfico y socio-cultural, sino que, de acuerdo con la febril actividad que genera, se convertiría en importante fuente de empleos directos e indirectos.

El carácter participativo del esfuerzo ha quedado simbólicamente demostrado en el heterogéneo grupo que se trasladó a Ecuador a recoger el Premio, compuesto por 17 residentes y aliados de las comunidades. Su presencia en un evento tan significativo, tuvo incluso propósitos didácticos, de intercambio de ideas y de promoción para Puerto Rico.

¿Cuál sería el impedimento real para que otras comunidades de la Isla, que están necesitando urgentemente de un movimiento transformador en cuanto a su hábitat y su desempeño social, acometan un modelo similar, nutriéndose de las experiencias del Proyecto Enlace?

Vecindarios donde la erosión y el cambio climático están causando gravísimos daños, son fuertes candidatos a este tipo de iniciativa. Barrios asediados por la contaminación, el crimen o el aislamiento, también deben mirarse en ese espejo del Caño Martín Peña.

Hasta hace unos años, allí solo había unas comunidades hundidas en la desesperanza, que ahora, a fuerza de trabajo y voluntad, han accedido a un foro internacional, con un reconocimiento de gran repercusión. Solo hay que pensar en la cantidad de comunidades alrededor del mundo que se han estado esforzando por crear proyectos de vivienda de avanzada, y que también compitieron por este premio.

Sin embargo, fue el Proyecto Enlace del Caño Martín Peña el que los superó a todos. En términos sociales es un triunfo tan destacado como el de Mónica Puig en las Olimpiadas. Con menos gritos de alegría, porque todavía a nivel de pueblo se desconoce mucho la gran hazaña de los defensores del Caño.

Por último, hay que resaltar algo esencial: pese a los grandes esfuerzos que han hecho varios políticos por sacar partido o manipular el éxito del Fideicomiso de la Tierra —en alguna ocasión, amenazando incluso con desintegrarlo— esa gente se ha mantenido firme, huyendo de la politización partidista, manteniendo una ética de trabajo y reconstrucción admirables.

Nos enorgullecemos de las ocho comunidades: Barrio Obrero San Ciprián, Barrio Obrero Marina, Buena Vista Santurce, Cantera, Israel-Bitumul, Buena Vista Hato Rey, Parada 27 y Las Monjas.

Llamándolos por sus nombres, les decimos ¡gracias!

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