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Ejercer alta diplomacia ante acción norcoreana

Corea es un referente doloroso para muchos soldados boricuas que pelearon en ese lejano y dividido país, el que hoy, con el exhibicionismo bélico del dictador norcoreano Kim Jong-un y sus desafíos nucleares, mantiene en una tensa alerta a la comunidad internacional.

La posibilidad de que se desate una guerra con armas de destrucción masiva es aterradora, por remota que parezca. La Corea del Norte que surgió como estado independiente tras la Segunda Guerra Mundial cuenta con un caudal de armamentos que va en aumento preocupante, en cantidad y potencia, y a la par con sus reiteradas provocaciones a Corea del Sur, Estados Unidos y la más reciente a Japón.

Los entendidos en política internacional cifran alguna esperanza en la intervención de China, potencia que se ha distanciado de la Corea de Jong-un, al unirse al rechazo mundial y a las sanciones económicas impuestas ante la insolencia con la que el general y heredero de la dictadura de su padre mina la paz y la estabilidad en la región.

La escalada del régimen norcoreano tuvo su manifestación más reciente en el lanzamiento la semana pasada de un misil balístico que voló sobre el norte de Japón, considerado por el gobierno nipón como una amenaza sin precedente. De confirmarse que era un Hwasong-12, se trata de un arma diseñada para transportar una enorme carga explosiva nuclear de alcance intermedio. Fue una prueba, según el líder norcoreano, destinada a contrarrestar la actividad militar de Estados Unidos en dos frentes: los ejercicios conjuntos que realiza con Corea del Sur y los vínculos con Japón.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas volvió a condenar a Corea del Norte, pero su joven presidente, lejos de mostrar propósito de enmienda, aseguró que el proyectil será el primero de muchos que tendrán el Pacífico como objetivo. No conforme con la deplorable hazaña, reiteró sus planes de disparar misiles en dirección a la isla de Guam, un pequeño pero estratégico territorio de Estados Unidos en el Pacífico con dos importantes bases militares.

El reciente evento en la carrera nuclear de norcoreana exige un ejercicio inmediato de máxima diplomacia internacional.

El régimen de Kim Jong-un ya se ha declarado en “estado de guerra” y se burla de la presión mundial con el aumento de pruebas nucleares, unas veces disfrazadas, otras, como la que dirigió a Japón el pasado martes, muy publicitadas.

Ambas Coreas tienen poderosas fuerzas armadas. Se estima que sus ejércitos pueden tener hasta un millón de efectivos. De desatarse un conflicto bélico en la zona, el cercano Japón, que una vez conquistó a Corea, también se vería arrastrado, al igual que las fuerzas de Estados Unidos en ambos países. Sumado a ello, China tampoco podría mantenerse al margen.

Tras el atrevido lanzamiento del misil sobre Japón, el presidente Donald Trump advirtió que “todas las opciones”, incluida la militar, están sobre la mesa. Sus explícitas declaraciones de que “hablar no es la solución” fueron suavizadas por el secretario de Defensa, Jim Mattis, quien aseguró, para la tranquilidad de muchos, que aún hay lugar para la diplomacia con Corea del Norte.

La beligerancia norcoreana, no obstante, despierta recuerdos de la cruenta guerra de los años 50 en la que participaron sobre 60,000 militares boricuas y sobre 700 perdieron la vida. La memoria se activa, además, con el envío por Estados Unidos de dos portaviones y un submarino nuclear más el despliegue de un sistema antimisiles en la región.

Un conflicto bélico que desestabilice la economía de los países del Pacífico impactaría la economía mundial, dado el dinamismo y la productividad de alcance internacional de la zona. Tendría además consecuencias directas para Estados Unidos y sus territorios.

Por ello es que hoy por hoy, Corea del Norte es el mayor reto de seguridad que encara la comunidad internacional. Ante las tensiones y provocaciones, los discursos de confrontación alejan la estabilidad y la confianza en los Estados Unidos. La moderación y la apertura al diálogo debe imperar en la nación que ha sido líder y ejemplo de negociaciones al más alto nivel de la política internacional.

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