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El abuso de poder de Trump amenaza las libertades

En una clara manifestación de abuso de poder, el presidente Donald Trump intenta intimidar a la prensa libre al tratar de castigar al diario The New York Times por haber publicado la columna “I Am Part of the Resistance in the Trump Administration”, escrita de forma anónima por una persona que ocupa un alto cargo en esta administración presidencial.

Trump's abuse of power threatens the liberties

Estamos ante un insalubre episodio de violencia contra la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, burdamente protagonizado por la figura pública con el deber mayor de proteger la democracia en la que se fundamenta la nación estadounidense.

Esta vez, el presidente arremete contra el componente más básico de la libertad de expresión, el derecho a la libertad de palabra, el cual permite que los individuos se expresen sin intervención o restricción del gobierno.

Trump pretende intervenir con el derecho de un medio de comunicación a decidir los contenidos que publica. Esta actitud del presidente constituye un malsano y vergonzoso retroceso en la historia de victorias de la libertad de expresión y de prensa en Estados Unidos.

La conducta de Trump evoca el soberbio intento del presidente Richard Nixon de impedir, en 1971, que The New York Times y The Washington Post publicaran el informe confidencial conocido como los Papeles del Pentágono. Este voluminoso documento del Departamento de la Defensa evidenciaba las formas en que gobiernos sucesivos de Estados Unidos estuvieron mintiéndole al pueblo estadounidense sobre su participación en la guerra en Vietnam.

En obvio abuso de poder y con el pretexto de proteger la seguridad nacional, el gobierno de Nixon intentó intimidar a ambos medios de comunicación para que no publicaran las informaciones oficiales. Los demandó en corte, pero en una decisión histórica de defensa de la libertad de prensa, el Tribunal Supremo de Estados Unidos dio la razón a los periódicos.

Ese robusto amparo judicial protege a los medios de la censura gubernamental de contenidos periodísticos. Se ha convertido en abrigo poderoso de la libertad de los medios para fiscalizar la gestión pública. Fue precisamente la prensa libre la que permitió al pueblo estadounidense informarse sobre las ilegalidades en el escándalo Watergate que le costó la presidencia al propio Nixon.

Nuestra democracia se fortalece con una prensa libre y valiente que hace frente a los “hechos alternativos” con los que el presidente Trump intenta desviar la atención de la verdad. La reacción desenfrenada de Trump a la columna de opinión anónima publicada por The New York Times es otro episodio desafortunado en la racha de intentos presidenciales de mantener al pueblo desinformado de lo que realmente ocurre en su gobierno. Es una táctica nixoniana que ningún favor hace a la democracia estadounidense y que es deber de todos detener.

Trump abusa de su poder al sugerir al Departamento de Justicia que investigue la identidad de la persona de su administración que ha cuestionado su capacidad presidencial, en la columna anónima publicada en The New York Times.

Con este nuevo acoso a la prensa fiscalizadora de la gestión pública, Trump revela también su menosprecio a la facultad investigativa que debe tener el Departamento de Justicia de la nación que se proyecta como la abanderada de las libertades civiles.

Pretender clasificar la referida columna de opinión como una transgresión a la seguridad nacional, es realmente un subterfugio para continuar los ataques contra los medios fiscalizadores y, así, limitar el acceso de la gente a estar debidamente informada.

La conducta de Trump, como la de Nixon en su momento, evidencia un peligroso rasgo totalitario, muy ajeno a los valores de la democracia que sostienen las instituciones gubernamentales y sociales en Estados Unidos.

Estamos en la acera de la prensa libre para hacerle frente.

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