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El Caño como brújula para transformar el País

La asignación federal de $750,000 gestionada por la comisionada residente, Jenniffer González, para adelantar el dragado del Caño Martín Peña añade una pieza valiosa a una amplia obra de restauración ambiental y desarrollo sostenible que le ofrece brújula a la necesidad urgente de unidad de voluntades y esfuerzos en Puerto Rico.

Ha tomado más de 20 años y faltan más para culminar el dragado que permitirá que las aguas limpias vuelvan a fluir por el caño de 3.7 millas, arteria multidimensional crítica del área metropolitana. Durante ese periodo, mientras la crisis económica, social, anímica y política del País ha marchado en retroceso, las comunidades aledañas al Caño han ganado fuerza y cohesión.

Una clave debe ser que, desde sus comienzos, al amparo de la Ley 489 de 2004, Ley para el Desarrollo Integral del Distrito de Planificación Especial del Caño Martín Peña, lo que en el uso y costumbre se hubiese gestado como un proyecto de infraestructura impersonal y avasallador, quedó enmarcado por los valores de la justicia ambiental.

Ese criterio, que ató la obra de construcción a la inclusión, la participación y el mejoramiento de las condiciones de vida de los 26,000 residentes del área, ha sido fundamental para el avance de un proyecto integral, planificado con metas claras a corto, mediano y largo plazo, que incluyen aspectos de desarrollo humano y de ordenamiento urbano.

El propio Proyecto ENLACE, corporación creada por ley, es buen modelo de gobernanza al integrar con voz y voto a los residentes en su Junta de Directores. Ellos constituyen el 45 % del cuerpo, mientras que el Gobierno y el sector privado se dividen a partes iguales la participación restante.

Han sido dos décadas de germinación y fortalecimiento de un inigualable tejido social generador de iniciativas solidarias que proveen herramientas de superación a niños, jóvenes, adultos y mayores. Con confianza y empeño, los residentes se han ocupado de estrechar sus vínculos y dar vida a la democracia participativa por vía de deliberaciones para alcanzar acuerdos de beneficio colectivo.

Así, por ejemplo, ya 600 de casi mil reubicaciones de familias han sido posibles sin mayores controversias porque se hacen en consulta y con el consentimiento de los involucrados. Esa cohesión social ha sido fundamental en la solidez del Fideicomiso de la Tierra, instrumento que evitó desplazamientos de familias por falta de titularidades, merecedor del Premio Mundial de Hábitat conferido por la Organización de las Naciones Unidas por ser una iniciativa innovadora e inspiradora para otras comunidades del mundo.

Por las calles que circundan el Caño, entre la precariedad ambiental, urbana y social, se abre paso la solidaridad y la acción comunitaria e intersectorial. Les han sobrado tropiezos a estas comunidades y quedan muchos retos por superar hasta alcanzar la gran meta de transformar ese gran predio metropolitano en modelo a escala de un país nuevo. Ante eso, apuestan a los frutos de su gestión y no deben quedarse solos en ello. El esperado dragado del Caño Martín Peña proveerá beneficios incalculables a Puerto Rico.

Por eso, la asignación de $750,000, que permitirá la contratación de agrimensores e ingenieros ambientales para adelantar la primera fase del dragado, cobra valor distinto. No solo constituye una pieza más en el enorme rompecabezas que es el proyecto, sino que la misma abona concreción a la visión que los mueve; demuestra que en unidad de voluntades y esfuerzos es posible adelantar la causa común de disfrutar de un terruño digno, próspero y habitable.

Bien merece que esta valiosa guía de desarrollo sostenible que trazan las comunidades del Caño Martín Peña sea brújula para el País; para el Gobierno junto a la ciudadanía y todos los demás sectores responsables de transformar a Puerto Rico.

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