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El crimen de odio no debe escudarse en la impunidad

El vil asesinato de la mujer transgénero que nuestro país conoció como Alexa debe servirnos a todos como recordatorio de la importancia que tiene el educarse en temas de derechos humanos. Igual, puede ilustrarnos en cuanto al rol ineludible que tiene el gobierno liderando a la sociedad en el respeto a toda persona y de exigirle cuentas firmes a quien abuse, discrimine o, como en este caso, llegue al extremo de asesinar a alguien solo por ser quien es.

Alexa era una mujer transgénero, pues había nacido con los atributos biológicos del género masculino. Un error muy común es pensar que personas como Alexa eligen caprichosamente vivir de acuerdo a un género distinto del que les fue asignado al nacer. La verdad es que hace años la comunidad médica aceptó el término disforia de género para referirse a personas que tienen conflictos sicológicos y emocionales con el género con el que nacieron.

La Asociación de Americana de Psiquiatría y otras organizaciones similares en el mundo recomiendan que a las personas con disforia de género se les permita y ayude a vivir de acuerdo al género con el que se identifican. Esto incluye que vistan acorde al género con el que se identifican, que cambien si lo quieren sus nombres de pila y que sean llamados con los pronombres apropiados a estos. También incluye que se les permita usar los baños del género con el que se identifican.

Obligar a una persona a vivir de acuerdo a un género con el que tiene conflicto, dice la ciencia, causa innumerables angustias que pueden degenerar en diversos problemas mentales.

Personas que desconocen o no aceptan estos datos fueron las que el domingo causaron un revuelo en las redes sociales cuando Alexa quiso usar el baño de féminas en un restaurante de comida rápida en Toa Baja. Creyendo que era un mero capricho, le llamaron la Policía, y atacaron y ridiculizaron a Alexa en las redes sociales. Los indicios conocidos hasta ahora son que ese revuelo pudiera haber desembocado en el vil asesinato ocurrido unas horas después del incidente en el restaurante.

Como sociedad tenemos el deber y la obligación de vencer la ignorancia y las actitudes atávicas y primitivas que desembocan en tragedias como esta. Debe herirnos a todos en nuestra más honda humanidad el trágico destino de esta desdichada joven, que, además era paciente de salud mental y deambulante, y hacer lo que esté a nuestro alcance para que estas tragedias no se repitan.

El gobierno, por supuesto, tiene una responsabilidad cardinal en este asunto. Puede ayudar desde ahora a combatir la ignorancia y los prejuicios que causan tragedias así implantando la educación con perspectiva de género, que les enseñaría a miles de criaturas que cada ser humano vale igual independientemente de su sexo o de su identidad de género u orientación sexual. Es inaceptable que a estas alturas esa enseñanza no sea un componente permanente de nuestro sistema educativo.

El odio es la fuerza nefasta que empuja muchos de los crímenes, atropellos y discrímenes que a través de la historia y aún al presente sufren minorías sexuales, raciales, políticas y religiosas, entre otras. Enfrenta el odio con la valentía del respeto a la diversidad es deber de cada individuo e institución.

En cuanto al caso específico de Alexa, urgimos a las autoridades a investigar el asesinato con la mayor premura y cuidado, y que no titubee en clasificarlo como un crimen de odio si, al completar la investigación, se confirman los fuertes indicios que hay en este momento de que la joven transgénero fue asesinada simplemente en represalia por ser quien era.

La sociedad puertorriqueña es una fundamentalmente pacífica en la que no hay las violentas disputas entre razas o ideologías como las que dividen a muchas otras naciones. En el respeto a la diversidad, sin embargo, nos queda mucho por avanzar, como demuestra el trágico desenlace vivido por Alexa, cuya muerte, si nos enseña por fin a querernos y valorarnos tal como somos, no habrá sido quizás en vano.

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