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El deber ciudadano es clave para superar la pandemia

Ante el avance de la nueva cepa de coronavirus, cada ciudadano tiene que asumir una conducta de máxima responsabilidad para proteger su salud, la de su familia y la de toda su comunidad. La medida preventiva principal es el distanciamiento social.

La experiencia de países con casos numerosos de COVID-19 donde se ha logrado reducir sustancialmente el contagio se vincula, entre otros factores, a la receptividad ciudadana al aislamiento. Trasladar la mayor parte de las actividades esenciales al hogar e intensificar las medidas higiénicas tendrán peso mayor en la estrategia para combatir el virus.

El anuncio de la gobernadora Wanda Vázquez para promover el distanciamiento social y procurar la limitación de las actividades de alta concentración es una decisión prudente que requiere respaldo ante las circunstancias extraordinarias. Proteger la vida, la propia y la ajena, es la meta central de todos.

Superar la pandemia exige respuesta responsable y de sentido común. Por ello, resulta atinado el toque de queda, que estará en vigor de 9:00 p.m. a 5:00 a.m. y se prolongará hasta el 30 de marzo. Igualmente, es acertado limitar la actividad comercial a los servicios particularmente esenciales y ordenar el cierre total de las actividades que propicien la aglomeración de personas en un solo lugar.

Durante el fin de semana generó preocupación la continuación de actividades sociales con alta concentración de público. También hubo eventos artísticos y de esparcimiento muy concurridos. Sin embargo, ante el serio riesgo sanitario, urge que actividades como esas cesen temporalmente.

Por las pasadas semanas, el país se mantuvo rezagado en términos de respuestas certeras en la fase preventiva. Es hora de ajustar adecuadamente las iniciativas sanitarias para evitar situaciones de crisis extrema como la reportada en Italia, donde los casos de COVID-19 se dispararon de forma descontrolada.

Dos ciudadanos italianos que llegaron a San Juan en un crucero se convirtieron en los primeros pacientes con diagnóstico confirmado de la agresiva cepa de coronavirus. Y se conoció que un pasajero del mismo barco murió por la enfermedad al llegar a Islas Caimán. Las autoridades confirmaron otros pacientes con COVID-19 en la isla, pero está pendiente el resultado de pruebas realizadas a otros casos sospechosos.

Después de los retos de los golpes ciclónicos de 2017 y los sismos de enero, entre otras circunstancias que han obligado a ajustes de la conducta colectiva isleña, el momento exige modificaciones impostergables para demostrar como nunca responsabilidad ciudadana. Estas gestiones prudentes implican solidaridad, caridad y desprendimiento.

El distanciamiento social permitirá proteger sobre todo a los adultos mayores, que según las autoridades de salud constituyen el sector de mayor riesgo de contraer el nuevo virus. En Puerto Rico, esa población ronda el 20%. Al segmento poblacional en mayor riesgo se suman personas con condiciones respiratorias u otras que pueden afectar el sistema de defensa natural del cuerpo. Por su parte, los niños, jóvenes y otros adultos pudieran portar el virus sin sufrir síntomas notables o severos.

Ante un sistema de salud con comprobadas deficiencias, agravadas por limitaciones presupuestarias y una marcada reducción del personal médico, de enfermería y otros profesionales de la salud tanto en el sector público como privado, la población debe acoger con máximo rigor todas las medidas preventivas solicitadas por las autoridades sanitarias.

Es imperioso, además, que el gobierno agilice las gestiones para poder administrar de forma necesaria las pruebas de COVID-19 y para conocer cada resultado, con el fin de iniciar de inmediato los tratamientos correspondientes cada vez que se confirma un nuevo caso, a la vez que se activan protocolos adicionales con familiares u otras personas allegadas a la persona contagiada.

El gobierno de Puerto Rico tiene que responder con claridad constante ante este gran reto salubrista. Ello incluye el refuerzo de la educación y las orientaciones que minimicen el riesgo. Urgen directrices claras y firmes de los funcionarios a cargo de la operación especial y dinámica que esta situación requiere.

En este momento trascendental cada gesto solidario cuenta. El que más debe unirnos es el del respeto a la vida, apostando a la prudencia como la gran defensa ante este desafío mundial.

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