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El desafío sanitario no admite respuesta deficiente

El Departamento de Salud debe actuar de forma ágil y transparente en toda gestión relacionada con el reto de la prevención del COVID-19 y para el control de contagios en la eventualidad de que se confirme que en Puerto Rico hay alguna persona infectada con el virus. Esa respuesta es fundamental para combatir la confusión, desinformación y ansiedad que pueden afectar anímica, social y económicamente a distintos sectores.

La precisa coordinación del gobierno central con las autoridades federales, que incluyen a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, y las agencias reguladoras de las operaciones portuarias aéreas y marítimas, es igualmente crucial ante un nuevo desafío sanitario que no admite respuesta deficiente.

La rápida propagación mundial del COVID-19 hace imperioso que los canales de comunicación de las autoridades sanitarias en la isla garanticen un intercambio de información que permita aplicar los protocolos correspondientes para atender sin dilación los casos de pacientes con síntomas sospechosos.

Preocupan señalamientos de galenos sobre la lentitud gubernamental para encaminar pruebas del COVID-19 a pacientes con síntomas adjudicables al virus. Salud debe responder con receptividad y aplicar criterios uniformes que contribuyan a procurar la adecuada recuperación de cualquier ciudadano con un cuadro clínico de riesgo. Encaminar las pruebas clínicas pertinentes gracias a la buena comunicación entre los médicos y la Oficina de la Epidemióloga del Estado tiene que ser un paso sencillo para garantizar tratamientos oportunos, según cada caso, y otros controles sanitarios pertinentes.

Como agencia con la misión de garantizar la salud pública, la dependencia, a través del secretario Rafael Rodríguez Mercado, tiene facultades legales plenas para poner en vigor los protocolos para el manejo uniforme sobre control de enfermedades infecciosas o epidémicas, y para modificar las medidas preventivas, según circunstancias emergentes.

La entidad, además, tiene que establecer una comunicación correcta con los medios informativos. Las inquietudes ciudadanas sobre el COVID-19 se han exacerbado tras la rueda de prensa del domingo en la noche en la que se informó de una turista italiana que llegó en un crucero con síntomas sospechosos de coronavirus y permanece hospitalizada en San Juan en espera del resultado de la prueba del virus. La desarticulación que el titular de Salud proyectó al explicar el manejo gubernamental del caso se sumó a deficiencias recurrentes de comunicación de la agencia, que incluyen la notable indiferencia y desdén de su jefe de prensa ante peticiones de información o entrevistas sobre asuntos vinculados al COVID-19 y otros temas vitales de salud pública.

El Departamento de Salud, por otro lado, tiene que ejercer su liderazgo para emitir directrices precisas a todo el sector salubrista sobre el manejo preventivo ante la amenaza del COVID-19 y los planes de contingencia de cada centro hospitalario. Es pertinente repasar con los equipos médicos y el personal de apoyo las medidas para atender a pacientes con condiciones respiratorias o síntomas similares a los de la nueva cepa de coronavirus. Es conveniente, además, revisar los suministros indispensables para la correcta respuesta sanitaria en hospitales o consultorios. Igualmente deben estar listos los espacios para el potencial aislamiento de algún paciente con un cuadro sospechoso al provocado por el virus.

La percepción de sectores de la clase salubrista de que la respuesta gubernamental ante la amenaza del COVID-19 ha sido lenta y deficiente tiene que contestarse con acciones que demuestren el cumplimiento de los protocolos ante la amenaza. Estas inquietudes de profesionales de la salud y de ciudadanos pueden disiparse con comunicación efectiva que desarme la desinformación que alienta miedo e inacción.

Las gestiones gubernamentales deficientes de entidades clave para el país, como el Departamento de Salud, tienen saldos negativos como los evidenciados en periodos complejos como lo fue el golpe ciclónico de 2017. La agencia tiene hoy ante sí la gran responsabilidad y oportunidad de devolver confianza y seguridad a nuestro pueblo.

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