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El gran potencial de la artesanía puertorriqueña

Los puertorriqueños conocemos la fuerza, la creatividad, la diversidad, la labor de la artesanía puertorriqueña. En distintos quioscos hemos apreciado muebles, ropa, tallas, cerámica, pinturas y caligrafía, comestibles y otras creaciones que realizan con esmero nuestros numerosos artesanos. El público suele corresponder con su interés y sus compras.

Nos impresiona la densidad y la vivacidad de la artesanía e, igualmente, el número de personas que en nuestro país dedica horas interminables para su sustento. Conocemos las dificultades que viven nuestros artesanos para comercializar sus creaciones, para darlas a conocer. Somos conscientes del trabajo importante que realizan el Instituto de Cultura Puertorriqueña y la Compañía de Fomento Industrial para desarrollar, apoyar y promover nuestra artesanía.

Sabemos que hoy, en comparación con hace una década, los espacios artesanos se han expandido e incluyen, no solo fiestas como la de la Calle San Sebastián y las patronales, sino también algunos centros comerciales.

Sin embargo, durante la Sanse llamaba la atención que esa enorme reunión con aquel gran público se organizase solo una vez al año y que el resto del calendario se limitara a actividades de escala más bien reducida con prácticamente el mismo tipo de comprador.

En países tan dispares como Colombia y Finlandia se fomenta y promueve la artesanía nacional. En ambos existen leyes y programas que han logrado transformar el enfoque, ampliar la clientela a otros públicos, desarrollando su mercadeo, cambiando la percepción de la artesanía, tanto dentro del propio país como fuera. Puerto Rico podría aprender mucho de ellos.

Los gobiernos de esos países juntan a diseñadores con nuevas ideas con artesanos para actualizar y rediseñar objetos tradicionales como carteras, bolsos, billeteras y otros accesorios femeninos y masculinos; lo mismo logran hacer con muebles, vestidos, ropa o hamacas, cestos y alfombras.

En Colombia, se promueve a tal punto la artesanía que existen acuerdos entre el gobierno y hoteles de lujo, paradores y lugares turísticos para la decoración de sus salones y habitaciones con creaciones artesanales que van más allá de lo específicamente folclórico. Así, al ingresar un huésped a un hotel de cualquier categoría la artesanía se despliega en las butacas, sillones, camas, escritorios y hasta pantallas de lámparas, cestos de basura, jaboneras, tapices, cortinas y bolígrafos. Esa operación, no solo aporta dinero al artesano, sino que sirve de gran promoción.

La ampliación de la clientela, la búsqueda de un nuevo público y la disponibilidad de las artesanías han sido tan extensas en Colombia que la artesanía se ha puesto de moda y muchos jóvenes emplean a diario ropa, carteras, billeteras, cinturones y otros accesorios realizados por artesanos. El orgullo nacional en la artesanía es tal que todos sus ciudadanos la compran, la usan y la regalan, desde el más pobre hasta el más adinerado. Con frecuencia, un buen regalo de cumpleaños o de bodas es, en Colombia, una pieza de artesanía fina.

Igualmente ocurre en Finlandia, en donde la línea aérea nacional emplea artesanía y productos del país en todos sus vuelos, así como los hoteles y los paradores.

El gobierno de Puerto Rico, los propios artesanos, el sector empresarial y los ciudadanos deberíamos hacer un esfuerzo para empeñarnos en reflexionar y estudiar a fondo esos países exitosos en el fomento y la promoción de sus artesanías. Esas naciones han logrado extender su campo y ubicar la actividad artesanal en el centro de su quehacer diario, para poder regresar a lo ya conocido con nuevos ojos, con ideas innovadoras y lograr que nuestras artesanías se conviertan en nuestra compra ideal, en nuestro regalo ideal, en nuestro accesorio ideal, y que encuentren por fin el público puertorriqueño e internacional que se merecen.

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