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El nuevo empresarismo es apuesta vital al desarrollo

El avance de las “startups” locales, con el respaldo de un diligente ecosistema de emprendimiento e innovación, demuestra el valor de apostar a la capacidad de nuestra juventud en el plan de desarrollo de Puerto Rico.

Estas nuevas compañías alcanzaron niveles récord en inversión de capital privado en 2018, señal clara del alto potencial de crecimiento de los productos creados en la isla.

Empresas puertorriqueñas incipientes recibieron más de $4 millones en capital privado y, por primera vez, dos de ellas recibieron más de $1 millón cada una, aun en su etapa temprana. Otra de estas empresas ha sido seleccionada para participar de la principal aceleradora de negocios del mundo.

Estas empresas se nutrieron de Parallel 18 (P18), iniciativa encargada de desarrollar compañías emergentes de alto impacto y escalables a la comunidad global, con fondos provenientes del Fideicomiso de Ciencias y Tecnología y otras agencias de gobierno. El programa trabaja en colaboración con otras iniciativas y proveedores de servicios para ampliar y fortalecer un ecosistema productivo que a la isla se le hace vital.

Existen otros programas sin fines de lucro apoyados por el sector privado que, como P18, les brinda tanto a empresarios del patio como a extranjeros asesoría, acompañamiento y espacios de trabajo. Además, los conectan con una valiosa red de mentores e inversionistas en un ambiente facilitador del trabajo colaborativo. Una de ellas, el Grupo Guayacán, recién alcanzó también niveles sin precedentes en sus 13 años de gestión al otorgar más de $150,000 en capital semilla para empresas participantes en una de sus competencias. Otros $350,000 fueron invertidos en empresas en etapa temprana.

Por su potencial de crecimiento, las startups pueden producir beneficios multiplicados en nuestra economía. Suponen valiosas oportunidades para la creación de empleos. Muchas se han convertido en eslabones claves de la cadena empresarial en la isla.

Y pueden crecer gracias a los programas de incubadoras y aceleradoras, que modelan lo que es posible conseguir en alianzas entre el gobierno, el sector privado y el sector sin fines de lucro.

Aunque con menos oportunidades de escalar a nivel global, existen muchos otros proyectos más de incubación de empresas que han facilitado el emprendimiento a personas que, de otra manera, permanecerían atascadas en los ciclos de la pobreza. Muchas de ellas tienen posibilidades de expandir y generar empleos con inversionistas interesados en estimular la cultura de trabajo formal y la movilidad socioeconómica.

Puerto Rico necesita apostar más a su gente, en particular, a nuestros jóvenes. Por eso es crítico intensificar esfuerzos en propiciar una educación que fomente la curiosidad y la inventiva. Para que la aportación de las nuevas generaciones de empresarios tenga un impacto colectivo, el sistema educativo tiene que proveer también una imprescindible base humanista forjadora de un alto sentido ético y de propósito, mediante el cual la innovación esté al servicio de una sociedad mejor, más justa.

El fomento de la innovación, como la industria y la creación de nueva infraestructura es una de las metas trazadas a nivel internacional con el fin de que el mundo alcance un desarrollo sostenible en la próxima década. Como la tecnología, la innovación puede ser facilitadora de un desarrollo balanceado.

Desde la creación de nuevas opciones energéticas, experiencias que mejoren la experiencia de los consumidores para mejorar ventas, generar bienestar, equidad y prosperidad, estas empresas que emergen hoy ayudarán a definir el futuro de Puerto Rico. Sirva el incipiente 2019 para robustecer las alianzas y facilitar mayores oportunidades de emprender. Que se multipliquen los mentores, el respaldo de inversionistas y la confianza general en la capacidad y el potencial empresarial de los puertorriqueños.

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