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El Parlamento Europeo ante gran reto electoral

Por primera vez, el populismo y los partidos de extrema derecha podrían ingresar con fuerza al Parlamento Europeo, como resultado de las elecciones que tendrán lugar del 23 al 26 de mayo. Sondeos recientes proyectan que las fuerzas ultranacionalistas y autoritarias podrían controlar hasta un tercio de los escaños. Ello se traduciría en centenares de miembros parlamentarios en la institución que ellos mismos rechazan.

Los 28 países de la Unión Europea (UE) escogerán a sus 751 diputados que los representarán por los próximos cinco años. La Eurocámara es la única institución en la UE elegida por el voto directo de los ciudadanos. Así, cerca de 500 millones de europeos votarán para seleccionar a los diputados que controlarán el presupuesto de la UE y elegirán al presidente de la Comisión Europea.

La Liga en Italia, el Reagrupamiento Nacional en Francia, AfD en Alemania, el partido Brexit del Reino Unido, Fidesz en Hungría, y Vox en España han surgido espectacularmente. Hace diez o quince años no podían aspirar a tener influencia en toda Europa y algunos no existían o no tenían más del 5% de los diputados. Su nueva fuerza hoy demuestra el gran cambio que el fin de la Guerra Fría, la globalización, las grandes transformaciones tecnológicas e industriales han ocasionado. Sus votantes son, esencialmente, los excluidos y olvidados de esos cambios fundamentales.

Estos partidos de ultraderecha se oponen a los valores fundadores de la UE, como la separación del poder ejecutivo, legislativo y jurídico, la libertad de expresión, la apertura nacional, la administración central de Bruselas. Su discurso autoritario favorece el racismo cotidiano e institucional, y se opone a la inmigración musulmana y africana. Atacan frontalmente las políticas internacionales a favor de los derechos humanos y se alían con posiciones internacionales retrógradas. Su objetivo es, en esencia, la destrucción de la democracia europea, forjada por los partidos socialdemócratas y liberales.

Desde hace veinte, treinta o cuarenta años el populismo ha trabajado sistemáticamente la escena política del Viejo Continente, embistiendo metódicamente las instituciones de cada país y, con esta elección, intenta colocarse en el plano continental. En algunos países, como Italia, Alemania o Austria, se inspira de su pasado fascista. En Francia, los votantes han ido aceptando sus ideas y normalizándolas. Hoy, el populismo europeo comparte su ideario político con el del estadounidense Donald Trump o el del brasileño Jair Bolsonaro.

Uno de los ejemplos más notables de los nuevos líderes políticos osados y llenos de ideas ultraderechistas es Matteo Salvini del partido italiano La Liga. Con sus posiciones extremas contra la inmigración, Salvini busca unir hoy a los ultraconservadores y presentarse como el líder indiscutible de esa nueva fuerza política transcontinental.

Según las intenciones de voto en su país, su partido obtendría un 30% de los votos, comparados con el 6.4% en las elecciones europeas de 2014. Las frases extremas que lanza en sus mítines revelan sus propósitos, “Europa bello sueño, la cambiaremos desde el interior” o “Si no salvamos a Europa, dentro de cinco años será un Estado Islámico”. En su búsqueda por extender su poder europeo, Salvini ha establecido acercamientos con el partido de Le Pen en Francia y con el de Victor Orban en Hungría.

Hasta ahora, la mayoría en el Parlamento de la UE consistía de dos bloques de partidos de centro-derecha y de centro-izquierda. Si los sondeos aciertan, esta mayoría combinada y equilibrada desaparecerá y cualquier nueva mayoría tendrá que negociar y contar, en sus propuestas, con los votos de los partidos de extrema derecha.

Esta nueva situación otorgará fuerza y credibilidad a las ideas extremas y peligrosas del populismo de derecha y solidificará aún más la recomposición de las fuerzas políticas en este mundo nuevo en que vivimos. Así, pues, los que no nos identificamos con la sociedad extrema que proponen, tanto en Europa como en América, debemos de permanecer alerta y ágiles sabiendo que, desde siempre, las ideas se combaten con otras ideas.

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