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El Tercer Sector en la mesa del nuevo país

En la tarea de reconstruir un Puerto Rico nuevo, las organizaciones del Tercer Sector deben tener espacio en la mesa en que el gobierno traza su ruta de inversión de los fondos federales que recibirá para dejar atrás la devastación que quedó del huracán María.

Estas organizaciones son protagonistas en la gestión de proveer aportaciones y servicios a las poblaciones más desventajadas, que el gobierno desatiende. Y ese esfuerzo ha sido más que evidente en la rápida y efectiva movilización que ha llevado ayuda humanitaria a comunidades que quedaron aisladas por inundaciones, derrumbes y vías obstruidas a raíz del golpe del cliclón.

Destaca, entre estas, la iniciativa del Centro para una Nueva Economía (CNE) y Espacios Abiertos (EA), que mediante el Puerto Rico Recovery Fund, han entregado más de 900,000 libras de alimentos, agua y artículos de primera necesidad a numerosas organizaciones comunitarias.

Esa respuesta rápida, de la que el gobierno deberá aprender para agilizar el envío de ayudas imprescindibles cuando otro evento climatológico impacte la zona, aprovechó la valiosa plataforma compuesta por entidades que brindan servicio directo en sectores marginados.

Con visión estratégica y compromiso probado, esta activación del CNE y EA es parte de un esfuerzo más amplio que incluye cabildeo en Washington para atraer la ayuda que Puerto Rico requiere y el esbozo de un plan de desarrollo sostenible.

Como parte de sus iniciativas, han traído esta semana a Puerto Rico a una voz reconocida en el tema de recuperación de desastres. John Davies, presidente de Baton Rouge Area Foundation, ha dirigido un esfuerzo monumental para refundar el sur de Luisiana tras su devastación por el huracán Katrina en 2007.

Durante su visita, en una reunión con decenas de líderes del sector privado y del Tercer Sector, Davies ha esbozado al menos una decena de lecciones que deben ser invitación al liderato de nuestro país, en sus diversas esferas, en esta etapa aún temprana de recuperación. Ha hecho hincapié en la necesidad de responder con rapidez, no solo para brindar los primeros socorros, sino para identificar dónde quedan todavía personas albergadas en refugios no oficiales que podrían ser focos de insalubridad.

Sobre todo, ha acentuado la importancia de proveer atención a la salud mental, tanto para los equipos de respuesta rápida y voluntarios como para el resto de la población. Es esencial que, con la ayuda de la Coalición de Salud Mental que ya había levantado la mano para servir, se coordine un esfuerzo integrado para mitigar los trastornos post traumáticos a corto, mediano y largo plazo.

La inserción del Tercer Sector en los procesos de gobierno en los que se determina el uso que se les dará a los fondos federales que lleguen es también una lección importante que Davies comparte de la experiencia tras Katrina. Ese dinero debe dirigirse a la construcción de un país diferente, preparado para recibir embates naturales sin sufrir los desastres provocados por la mala planificación, la negligencia y la corrupción.

De hecho, ponerle coto a la corrupción, darle prioridad a la educación y a crear ciudades seguras han sido enumerados por Davies como elementos sobre los que se levanta el desarrollo económico en las zonas que fueron más castigadas por el huracán Katrina.

Esfuerzos como el activado a través del Puerto Rico Recovery Fund, entre otros, que incluyen evaluar las experiencias exitosas y los errores cometidos en otros lugares ante situaciones similares, son acertados. Ofrecen la esperanza de que el país extraerá las mejores oportunidades de esta crisis compleja.

Las voces del Tercer Sector, incluidas las comunidades, junto a las del sector privado, son imprescindibles para desarrollar la visión de país de las próximas décadas. La mesa donde se diseñe el plano de ese nuevo Puerto Rico debe sostenerse sobre los pilares de la democracia y la transparencia.

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