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En la Universidad abierta se encuentra la solución

Al serio atolladero en que se encuentra el esfuerzo por hallar soluciones realistas a la crítica insolvencia financiera de la Universidad de Puerto Rico se han sumado el nefasto estado de desgobierno en la institución responsable de formar al pueblo puertorriqueño, y la peligrosa desobediencia a la orden judicial de abrir las puertas de nuestra Universidad pública.

El Ejecutivo y el Legislativo tienen la obligación de resolver ya esta caótica e irracional situación: la UPR está desprovista de un liderato valiente, dispuesto a identificar y hacer valer avenidas consensuales para restituir la estabilidad del centro de enseñanza.

Igual atención prioritaria requiere el cumplimiento del dictamen judicial de permitir que los estudiantes reciban la enseñanza con la que la UPR está comprometida. No hacerlo violenta el principio de ley y orden que rige nuestra sociedad.

Reclama atención inmediata la reanudación de las funciones académicas en los recintos que permanecen cerrados, tomando de rehenes los sueños de superación de miles de estudiantes. Esta tarea requiere de un diálogo respetuoso y honesto en torno a los términos para reabrir la Universidad, por parte de la Administración, el Gobierno central y el sector huelguista.

Tras la renuncia de la presidenta interina, Nivia Fernández y de tres miembros de la Junta de Gobierno universitaria, el gobernador Ricardo Rosselló Nevares debe cubrir las vacantes con celeridad. Ese es el primer paso hacia la formulación de un plan sensato y acordado para la reapertura.

Esa misma actitud de integridad debe reinar en la búsqueda de la resolución impostergable y viable que evite que la Universidad desemboque en un callejón sin salida fiscal.

No es racional aquella lucha que se desvincula de la realidad. El hecho es que las dificultades económicas de la UPR son un reflejo fiel de la crisis fiscal que afecta al Gobierno. Este ha invocado el Título III de la Ley PROMESA, buscando protección judicial durante el complicado proceso de reestructuración de la deuda que atropella a todo el País.

Es preciso que el diálogo se reanude, contando con la mediación de figuras de alto perfil de la sociedad civil, y con la cooperación de toda la comunidad universitaria. Se impone la sabiduría de evitar la confrontación, una vía que podría causar a la Universidad, y sobre todo a sus estudiantes, más daño que el ya producido por la huelga y la propia crisis fiscal.

Cerrada desde el 28 de marzo a causa de la huelga, reabrir la Universidad puede mitigar el grave daño causado por la interrupción del semestre académico durante un período tan extendido, sin que se hayan alcanzado acuerdos. Los portones siguen cerrados y la UPR carece de un plan fiscal certificado que encamine su recuperación.

La Junta de Supervisión Fiscal creada por la ley federal PROMESA y que tiene injerencia sobre todos los asuntos fiscales del País, ha insistido en que la Universidad debe producir recortes de $450 millones. La Universidad ha identificado economías de alrededor de $200 millones, en un paso de avance que ha sucumbido ante la intransigencia.

Los estudiantes tienen pautado reunirse hoy con el presidente de la Junta Fiscal, José Carrión, quien accedió a escuchar a los representantes de los alumnos, pero no ha alterado la posición del organismo en cuanto a los recortes universitarios, ante la imposibilidad del Gobierno central de seguir sosteniendo su actual nivel de financiamiento en la UPR.

El jueves los estudiantes celebrarán una asamblea para decidir sobre la continuidad del paro. Esperamos que ambos eventos abonen a la superación del impasse que a ningún sector universitario, ni al País, conviene.

Desde su fundación en 1903, la UPR ha formado a los hombres y mujeres que han construido al País. Tenemos que preservarla y fortalecerla para las generaciones futuras. La Universidad tiene en sí misma la llave para abrir sus portones. En ella está también la clave para transformarse estructuralmente y generar ingresos adicionales propios, valiéndose de su alto potencial intelectual y científico.

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