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En lucha solidaria por la recuperación del país

Después que la fuerza destructiva del huracán María cruzó la isla de un lado a otro, Puerto Rico continúa en una etapa de emergencia que demanda solidaridad y ayuda ciudadana para facilitar las esenciales labores de rescate y recuperación.

Esta cooperación también implica comprender que la extensión y la gravedad de los daños a miles de viviendas, así como a la infraestructura eléctrica y vial no tienen precedente, por lo que tomará tiempo completar los trabajos más urgentes que serán la zapata de la reconstrucción.

La respuesta que demos como pueblo en este momento es crucial y su esencia se centra en solidaridad, desprendimiento, paciencia y calma. Todo el país carece de energía eléctrica, quedan zonas residenciales inundadas, hay problemas generalizados de telecomunicaciones y municipios enteros incomunicados.

Ya están llegando los primeros informes sobre pérdidas de vidas y de la gran cantidad de familias que lo perdieron todo. Son estos sobrevivientes los que más necesitan el apoyo del vecino, del amigo o el desconocido que puedan brindarle ayuda material y una palabra de consuelo. También requieren la respuesta inmediata de auxilio que los gobiernos estatal y federal encaminan a través de FEMA y otras agencias.

Extendemos nuestro pésame a las familias de las personas que han fallecido y nos solidarizamos con todos los afectados por el paso de este devastador huracán.

Levantarse ante un evento como el que hemos sufrido requiere la suma de muchos pequeños y grandes esfuerzos de colaboración. Así se ha demostrado desde que amainaron los vientos en miles de vecindarios, lugares de trabajo y centros de auxilio donde la gente se movilizó de inmediato a remover escombros, a compartir alimentos y a expresar aliento indispensable ante el reto colectivo de elevar nuestra convivencia.

Hay que dar espacio a las autoridades municipales y estatales para que sigan haciendo su importante labor sin interrupciones. A pesar de la crisis, tiene que imperar la prudencia con estos servidores públicos. Muchos han dejado casa y familia para lanzarse a las comunidades a prestar sus servicios donde más hacía falta, tan pronto pasaron los peores azotes del ciclón.

Las labores urgentes comprenden el rescate de personas, la remoción de escombros de todo tipo y de los postes del tendido eléctrico que han inhabilitado las vías públicas, así como el restablecimiento paulatino del servicio de energía y de agua potable.

Son muchas las situaciones de emergencia que se van documentando mientras se llega a zonas inundadas y con deslizamientos de tierra campo adentro, donde abundan construcciones más frágiles que la existente en zonas urbanas.

El toque de queda ordenado por el gobernador Ricardo Rosselló es una medida extraordinaria de seguridad que debe ser respetada porque se fundamenta en procurar la seguridad colectiva y facilitar la ayuda de las autoridades. En el horario de 6:00 p.m. a 6:00 a.m. los ciudadanos deben mantenerse en sus casas o refugios.

La Policía se ha esforzado para mantener el orden en medio de la desesperación, el miedo y las reacciones de la gente en la búsqueda de ayuda y abastos mayormente de agua, alimentos y combustible. Su labor es encomiable y el pueblo debe apoyarlos.

Reconocemos también la mano amiga que han tendido muchos ciudadanos con el personal de socorro, al llevarles agua y víveres e igualmente a darle aliento en esta dura hora. Debemos continuar con estas iniciativas.

Hace casi un siglo que Puerto Rico no vivía el embate de un huracán categoría 4 como María. Sus vientos han desforestado gran parte de la isla y las potentes ráfagas destruyeron la mayoría de las estructuras de madera e incluso algunas de cemento sucumbieron en el despiadado cruce ciclónico desde Yabucoa hasta Arecibo.

Las autoridades gubernamentales estiman que tomará meses reponer el sistema eléctrico en su totalidad. Igual cálculo se ha hecho al observar preliminarmente el daño en otras áreas de infraestructura crucial.

No obstante, la prioridad es la vida y urge proceder con las mayores cautelas. Para poder llegar a los lugares aislados y socorrer a las personas afectadas se labora despejando vías. Hay equipos en esa dura faena y nuestro llamado es la prudencia y a la calma.

La recuperación va a ser lenta y gradual. Pero apostamos a que con firmeza la lograremos.

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