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Es deber presidencial fortalecer la democracia

La amenaza del presidente Donald Trump de declarar un estado de emergencia para forzar, sin el aval del Congreso, la disponibilidad de fondos para ampliar el muro en la frontera con México es una jugada política que pone en peligro la separación de poderes que fortalece la democracia y protege a Estados Unidos del totalitarismo.

Más que una crisis en el borde sureño, existente en la narrativa de la Casa Blanca, Estados Unidos enfrenta una delicada crisis que los poderes políticos deberían resolver acudiendo a la sensatez. La parálisis federal, que Trump dijo que no repararía en prolongar por meses o años, se produce en medio de una lucha absurda en la que inciden incluso estrategias propagandísticas que distorsionan la verdad.

Desde el oficialismo cobra fuerza un discurso de desprecio a los migrantes que repite retóricas utilizadas en países europeos, donde el ultranacionalismo atribuye sus problemas internos a quienes exponen sus vidas para cruzar el Mediterráneo huyendo de guerras, persecución y hambre.

En este lado del globo, la democracia que hoy está a prueba en Estados Unidos ha hecho crisis ya, además de en Venezuela, en países centroamericanos como Nicaragua, Honduras y Guatemala. De allí huye la mayoría de los inmigrantes que quedan detenidos, hacinados, en la frontera que Trump busca cerrar.

Pero la seguridad estadounidense no depende del límite territorial con México. La vigilancia y el procesamiento de quienes cruzan la frontera de manera ilegal corresponden a los cuerpos de seguridad. Estos siguen trabajando pese al cierre parcial federal de ya tres semanas, causado por la obstinación con la muralla.

La clausura de importantes operaciones públicas afecta la economía de Estados Unidos, sus sectores económicos privados, así como individuos y familias. En Puerto Rico sentimos los efectos del forcejeo federal en la operación de parques nacionales y la incertidumbre sobre asignaciones para servicios vitales.

Trump alega que existe una crisis de seguridad nacional y otra humanitaria en la frontera sur. La primera, aludida en su mensaje al país el martes es una exageración. No hay evidencia de que Estados Unidos experimente un aumento en el contrabando de drogas o mercancías, o en la comisión de delitos que pongan en peligro la vida de ciudadanos estadounidenses. Por el contrario, los datos apuntan a una baja migratoria. Contrario a otras ocasiones, la mayoría de quienes llegan a la frontera, en vez de ocultarse, se somete a los trámites de rigor con la esperanza de recibir asilo.

Lo que es una dolorosa realidad, es la detención prolongada de cientos de familias, producto de las políticas deshumanizantes de la Casa Blanca de endurecer el trato a los inmigrantes que escapan de la violencia, la represión política y la falta de oportunidades de progreso en sus países. Estados Unidos tiene la obligación moral de proteger sus fronteras con un alto sentido de respeto a los derechos humanos de quienes piden auxilio.

Un decreto de estado de excepción, que le daría poderes extraordinarios, es la estrategia equivocada. Ese mecanismo ha sido utilizado en el pasado reciente solo en dos ocasiones, realmente extraordinarias: una, por el presidente Jimmy Carter tras la toma de rehenes en la Embajada de Estados Unidos en Irán en 1979; la otra, por el presidente George W. Bush luego de los ataques a las torres gemelas en 2001.

La solución migratoria está en la búsqueda de estrategias que fortalezcan las economías de las naciones y erradiquen las desigualdades y persecuciones que tanto facilitan el fenómeno.

La contraparte a las pretensiones del presidente emana de la Constitución. Los poderes presidenciales no serán ilimitados y pueden ser bloqueados por las cámaras legislativas, elegidas por el voto de los ciudadanos, y el sistema judicial.

Prestemos atención a lo que ocurre en Estados Unidos. Más allá de la espinosa controversia sobre la ampliación del muro, la principal potencia democrática del mundo está sometida al calor de una tendencia a la autocracia cuyos frutos malsanos se ven en otros países.

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