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Es hora de acabar con la violencia machista

Puerto Rico tiene que emprender iniciativas abarcadoras para erradicar la violencia contra la mujer, un grave problema social que mantiene a miles de familias sumidas en la inseguridad producto de patrones de agresiones de distinta índole que con horrorosa frecuencia tienen un saldo letal.

Al conmemorarse hoy, lunes, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el gobierno de Puerto Rico está emplazado de forma reiterada a poner en vigor una política pública firme que libere a las mujeres de los graves patrones de desigualdad a los que muchas están sometidas.

Corresponde a la gobernadora Wanda Vázquez responder a los reclamos firmes de víctimas de abusos y de grupos defensores de los derechos de la mujer para combatir, entre otras serias deficiencias, la débil respuesta del Estado para investigar los feminicidios. Es preciso evitar la impunidad que alienta mayor violencia contra adultas, jóvenes y niñas.

Preocupan grandemente las lagunas en las estadísticas sobre la violencia machista. Alarma, además, el reducido número de acusados de asesinatos de mujeres. En lo que va del año, al menos una decena de mujeres ha sido ultimada por sus parejas. Cientos han sido ultrajadas o mutiladas y otras viven acosadas o amenazadas, sin encontrar protección suficiente del Estado. La situación se agrava para las madres con hijos menores que sufren pobreza.

El informe “La persistencia de la indolencia - Feminicidios en Puerto Rico 2014-2018” revela que durante ese período se produjeron 266 asesinatos. La cantidad se traduce en un feminicidio cada siete días.

Combatir la violencia de género exige conciencia individual y colectiva. Urge intervención social con énfasis en la educación centrada en exaltar los valores de equidad que permitan frenar conductas de discriminación alentadas desde el hogar.

Sociólogos y otros especialistas concluyen que, por cada mujer asesinada como secuela de la violencia machista, miles más son agredidas a diario, física y emocionalmente. Es un problema social que mina la productividad y cuesta fondos al gobierno y a la empresa privada. Lo que es peor, es inmisericorde con las familias impactadas.

Aunque con variantes, el problema se replica a nivel mundial. La Organización de las Naciones Unidas reporta que una de cada tres mujeres en el planeta ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. La ONU resalta que tan perniciosa recurrencia le lleva a calificar la violencia machista como una causa de muerte e incapacidad tan grave como el cáncer.

Al declarar este día internacional desde 1993, la ONU fomenta que se haga valer el derecho a la paz y al desarrollo humano de la mujer. Al combatir esta violación flagrante de los derechos humanos, se aspira a erradicar mundialmente “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

En la isla tenemos que apurar el paso hacia el logro de estas metas y rebasar el paso anunciado por la gobernadora que declara un estado de alerta por la violencia machista. Hace falta poner en vigor protocolos de protección a la vida e integridad de las mujeres para obtener resultados que a corto plazo evidencien tolerancia cero a las agresiones y a los malos tratos en cualquier vertiente.

Existen ocho salas judiciales especializadas en violencia de género. Sin embargo, no se logra superar la impunidad si las agencias responsables de investigar, esclarecer y procesar los asesinatos, las agresiones, las amenazas u otros actos deleznables contra la mujer no trabajan a la altura de su misión.

La violencia contra la mujer se puede erradicar. Ello requiere alianzas multisectoriales y voluntad gubernamental para fomentar de forma efectiva la cultura de igualdad, paz y justicia en Puerto Rico.

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