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Es imperativo prevenir el contagio con leptospirosis

Los resultados de dos investigaciones científicas llevadas a cabo en Puerto Rico aportan importantes hallazgos sobre los riesgos de contagio con la peligrosa enfermedad de leptospirosis y formulan recomendaciones para prevenir la exposición a la que son vulnerables las comunidades más frágiles de la isla.

La leptospirosis ha sido vinculada a la espiral de muertes que el país sufrió en el marco de las limitaciones de acceso a agua potable, alimentos, productos y servicios de primera necesidad provocadas por los huracanes Irma y María en 2017. De alrededor de 60 casos que se confirmaban cada año, en los meses que siguieron a los eventos climáticos la incidencia de contagios y muertes tuvo un incremento dramático, llegando a registrar más de 100 casos en un solo mes.

Esta es una enfermedad que presenta dificultades de diagnóstico. En principio se manifiesta con síntomas análogos a los de males comunes en el trópico como el dengue y el zika, incluyendo fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y malestar general. De no tratarse a tiempo, la persona infectada puede sufrir serias infecciones en los riñones, el hígado, el cerebro, los pulmones o el corazón, e incluso la muerte.

Los ratones, ratas y mangostas son los vectores usuales de la peligrosa bacteria leptospira, que hoy reaparece en elevada proporción en los estudios realizados por los equipos de Indiana University Bloomington y Texas State University, en colaboración con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Las investigaciones se realizaron en San Juan y en municipios con actividad agrícola.

Los científicos evaluaron muestras de sangre de 202 residentes de las comunidades del Caño Martín Peña y encontraron anticuerpos de la bacteria en una tercera parte de los voluntarios, quienes en su mayoría residen cerca del canal. Esto apunta a que estuvieron expuestos a la leptospirosis o en algún momento de sus vidas padecieron la enfermedad.

En un segundo estudio fueron evaluadas muestras de sangre obtenidas de roedores y mangostas capturados en fincas de producción de leche o carne en Lajas, Isabela, San Sebastián, Naguabo y Sabana Grande. Se encontró leptospira en niveles de 13% a 59% en las especies bajo estudio.

Las autoridades salubristas tienen la responsabilidad de tomar muy en serio los hallazgos. Las investigaciones apuntan a que los residentes de las comunidades empobrecidas son los más vulnerables al contagio. Además, se ha establecido que el tratamiento es más efectivo cuando es administrado dentro de la primera semana de infección. Resulta impostergable, por lo tanto, establecer pronta comunicación con estas comunidades. Elevar el grado de conciencia sobre la enfermedad entre los grupos de riesgo y los proveedores de salud será un valioso recurso para que la enfermedad pueda ser reconocida y atajada.

Asimismo, resulta esencial el diseño diligente de un plan agresivo dirigido a controlar las poblaciones de mangostas y roedores en elcampo y la ciudad, con el fin de reducir los casos potenciales. Esta fue una de las recomendaciones planteadas por los científicos que condujeron el estudio. La tarea les corresponde a los departamentos de Salud y de Recursos Naturales y Ambientales. Salud tiene la encomienda de desarrollar campañas educativas y activar los protocolos que pueden ayudar a minimizar el número de víctimas de la leptospirosis.

No se puede obviar, sin embargo, la importancia del esfuerzo individual. Es imprescindible que la población se una a la tarea, disponiendo adecuadamente de los residuos, y manteniendo los patios y terrenos libres de basura y escombros, ya que la bacteria sobrevive en lugares húmedos y desprovistos de luz. Solo así, mediante un esfuerzo concertado, se logrará frenar el contagio con una enfermedad que Puerto Rico, con los recursos médicos y salubristas con los que cuenta, debe superar definitivamente.

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