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Es necesaria una estrategia eficaz contra epidemias

Puerto Rico tiene que prepararse estratégicamente para detener la reciente racha de amenazas de epidemias, como la influenza que trata de imponerse en estos días. Así evitaremos que nuestra población esté bajo el cerco de enfermedades infecciosas que debimos haber superado hace décadas.

La estrategia para combatir esta enfermedad respiratoria debe enfocar en una campaña educativa eficaz y a tiempo contra la desinformación en torno a la vacuna que previene este peligroso mal que puede incluso causar la muerte.

Los contagios de influenza se han disparado en las pasadas semanas. El más reciente reporte oficial, que cubre desde el 14 al 20 de enero de 2018, refleja 1,464 casos confirmados. De julio de 2017 a enero de 2018 se registraron 10,507 casos, según el programa de vigilancia de influenza del Departamento de Salud. De ese total, 459 han requerido hospitalización.

Además, el medicamento más recurrido para tratarla escasea en las farmacias. Lo mismo sucede con el kit requerido por laboratorios y centros de salud para realizar las pruebas de detección.

Preocupan muy en particular los grupos vulnerables como niños, ancianos y personas con condiciones crónicas, en especial de naturaleza respiratoria. En su inmensa mayoría, los pacientes tienen entre cero y nueve años. Hay escuelas que han cerrado salones como medida de mitigación. La situación sanitaria se agrava con las limitaciones de electricidad, telecomunicaciones, transportación y suministros que ciertas zonas del país encaran a más de cuatro meses del huracán María.

Las autoridades y la comunidad salubristas tienen opciones para romper este círculo de recurrencias. La temporada de influenza está identificada, existen previsiones antivirales y contamos con una comunidad médica preparada y comprometida con la salud pública.

Es positivo que Salud redoble esfuerzos con acceso gratuito a la vacuna a través de la isla, y en particular la población escolar. Pero, para ser exitosas, las campañas preventivas tienen que intensificarse mucho antes de que el mal empiece a desbordarse.

Contrario al zika, dengue y chikungunya, transmitidos por mosquitos, para la influenza existe vacuna. Esa acción preventiva es importante porque el abanico de complicaciones incluye neumonía bacteriana, infecciones del oído y deshidratación. De igual forma, empeora condiciones médicas crónicas, tales como insuficiencia cardíaca congestiva, el asma y la diabetes, que abundan en Puerto Rico. Claro está, el desenlace fatal es el posible peor escenario.

Recalcamos que la inoculación la primera y mejor manera de prevenir este mal, que se da en un lapso de meses altamente reconocidos. En esta temporada se ha identificado la cepa AH3N2 como la más severa.

La influenza, igual que el dengue, zika y chikungunya, son enfermedades que podemos dejar atrás. No obstante, no quedarán en el pasado mientras el gobierno, en su papel de líder, siga la ruta de la pasividad en lugar de la proactividad, y espere estar al borde de una epidemia para tomar medidas.

Pero las autoridades públicas no pueden quedar solas en esta tarea tan importante. Los individuos, las familias y las comunidades desempeñan una función fundamental en la protección de su propia salud y la de sus seres queridos. Recalcamos: para evitar las enfermedades transmitidas por mosquitos, es necesario eliminar los criaderos y usar repelentes. En cuanto a la influenza, recibir la vacuna antiviral anualmente es clave para alejarla, pues el virus es muy resistente y cambia constantemente.

Mientras, corresponde a las aseguradoras, los hospitales y centros de salud, las escuelas y colegios, los centros de trabajo, en fin, a toda la sociedad, ponerse al servicio del país para combatir males como la influenza. Es una amenaza para la vida y un hecho que provoca grandes pérdidas materiales.

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