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Es necesario apoyar la vital gestión comunitaria

En la reconstrucción de Puerto Rico, las corporaciones comunitarias son faro que guían a un modelo de desarrollo integrado y participativo. Esas cualidades, que hacen al progreso sostenible, generan una fibra capaz de resistir mejor los retos sociales y económicos que el país tiene por delante.

Así quedó demostrado antes, y aun cuando todavía soplaban los vientos del huracán María. Tanto las comunidades del G-8, vecinas del Caño Martín Peña, como la Península de Cantera, se mantuvieron a flote en medio de la emergencia gracias, precisamente, al trabajo que las corporaciones comunitarias realizan allí hace más de una década.

La más antigua, la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera, creada por la Ley 20 de 1992, facilitó la construcción de un sistema sanitario, que eliminó un problema de salud pública para sus 9,000 residentes. Ha gestionado la construcción de viviendas. Y dio impulso a la creación de una empresa de ecoturismo que provee al visitante recorridos que lo vinculan a la diversidad del área.

La Corporación del Proyecto ENLACE, por otro lado, demuestra el carácter multidimensional del desarrollo integral. Sin ella, el dragado del Caño, que incide sobre las playas metropolitanas y demás componentes del Estuario de la Bahía de San Juan, quedaría incompleto.

ENLACE extendió esta obra de ingeniería hasta convertirla en una iniciativa vibrante de restauración ambiental que suma a la gente como parte vital del ecosistema.

Por la Ley 489 de 2004 para el Desarrollo Integral del Distrito de Planificación Especial del Caño, la corporación puso en acción la justicia ambiental al incorporar la participación y el mejoramiento de las condiciones de vida de cerca de 26,000 residentes. Planificado con metas definidas a corto, mediado y a largo plazo, el proyecto es ahora eje de desarrollo humano y ordenamiento urbano.

Estos semilleros de iniciativas solidarias facilitan el aprendizaje y la superación vecinal con programas de tutorías, alfabetización y formación de líderes. Acompañan el emprendimiento, el fortalecimiento familiar y la integración social. Promueven el pensamiento crítico como competencia ciudadana fundamental.

Allí, gente delibera para lograr acuerdos de beneficio colectivo. Esa cohesión hizo posible el Fideicomiso de la Tierra, herramienta reconocida a nivel internacional, que evitó desplazamientos de familias por falta de titularidades. Más de 600 de casi mil reubicaciones de familias han ocurrido de forma armoniosa porque medió la consulta y el consentimiento de los implicados.

En ambas iniciativas, los vecinos participan con voz y voto en las juntas de directores.

En aras del apoderamiento pleno, sendas leyes orgánicas disponen el fin de cada una como entes de gobierno y el traspaso de las operaciones a los residentes. Los proyectos de la Compañía de Cantera deben pasar, en 2023, al Consejo Vecinal Pro Desarrollo de la Península. Los de ENLACE pasarán, en 2029, al Fideicomiso de la Tierra, que administra alrededor de 200 cuerdas. Ya en el seno de ambos organismos está en marcha la transición ordenada.

Ahora las organizaciones temen por el futuro de esos proyectos. Un borrador de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal, fechado en octubre de 2017, las menciona entre las entidades por cerrar como parte de la reorganización del gobierno.

En conjunto, los organismos reciben poco más de $1.3 millones del Fondo General. El resto de sus recursos provienen de fondos federales y de donativos privados. La totalidad de esa inversión social asegura la continuidad de los trabajos y su traspaso final a las comunidades.

Estos dos modelos a escala, aún con enormes retos por superar, han probado su efectividad. Atienden en su complejidad la pobreza y la marginación. Llegan hasta donde el gobierno no alcanza. Por eso merecen seguir. Y deberían replicarse. Con su experiencia, y con sus protagonistas como mentores, el país tiene una ruta posible hacia su maduración social, económica y democrática.

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