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Foco gerencial para la ruta ambiental de Puerto Rico

Los recursos naturales son una especie de escudo de cuya salud depende la del ser humano. Son la tercera punta del triángulo de la sostenibilidad, que requiere que las actividades económicas y sociales estén en balance con el medioambiente. La apariencia de incertidumbre que rodea al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) se aleja de ese modelo que debería orientar la recuperación de Puerto Rico.

Con mando interino, después del paso de otros tres secretarios en menos de seis meses, la agencia encargada de manejar los recursos y liderar la política ambiental luce a la deriva. Ante las decisiones fundamentales que el gobierno tiene por delante, urge confirmar a quien pueda dar dirección hacia el cumplimiento de la importante misión.

Desde que la primera secretaria de esta administración, Tania Vázquez, renunció a ese cargo y a la presidencia de la Junta de Calidad Ambiental, en medio de una pesquisa federal en noviembre pasado, la agencia quedó prácticamente paralizada. Mantener dicho cargo constitucional bajo interinato genera incertidumbres e impide tomar decisiones impostergables.

El letargo en el DRNA es motivo de preocupación para empleados, ciudadanos, grupos comunitarios y ambientalistas. Ha trascendido que falta personal, equipos y vehículos en divisiones como el Cuerpo de Vigilantes, encargado de velar por la preservación de nuestra riqueza natural. Ciudadanos han denunciado que sus querellas son desoídas por empleados que reclaman no tener recursos para atenderlas mientras permanecen sin tareas.

El DRNA es clave para la toma de decisiones para atender los retos presentes y futuros que se recrudecen ante los estragos causados por huracanes de 2017, los terremotos de enero de este año y los efectos recurrentes del cambio climático.

Entre otros asuntos apremiantes, Puerto Rico tiene que abordar con determinación el manejo sostenible de los desperdicios sólidos. El incumplimiento con la política ambiental que impone al gobierno metas definidas de reciclaje, por ejemplo, empeora la sobrecarga de la mayoría de los vertederos hábiles que ya habían quedado con menos capacidad por los escombros que dejó el huracán María. Ahora, además, es preciso hacer determinaciones en torno a la demolición de estructuras afectadas por los eventos naturales y sobre el manejo y disposición de los escombros.

Asimismo, el DRNA es fundamental para que podamos mitigar y adaptarnos a los efectos del cambio climático ya visibles en la isla. Esta semana, por ejemplo, áreas del noroeste seguían bajo condiciones anormales de sequía, las que, como los huracanes, se anticipa que escalarán en intensidad. Lluvias intensas recientes volvieron a inundar zonas del área metropolitana que dependen del funcionamiento óptimo de las máquinas de bombeo que la agencia maneja.

Hace falta voluntad para actuar en torno al alza continua de los niveles del mar y la erosión costera. Al DRNA le compete proveer recomendaciones informadas al respecto. Además, la agencia tiene la jurisdicción sobre cuidar y educar a los ciudadanos en torno a los cuerpos de agua, los bosques y otros recursos indispensables para que Puerto Rico gane resiliencia. En cambio, voces comunitarias y ambientalistas denuncian la aprobación de medidas que restan protecciones a estos recursos ante una agencia silente.

Los retos locales y globales le imponen a este departamento custodiar el balance que exige un desarrollo sostenible en el proceso decisional sobre la reconstrucción. Debe tener voz en las decisiones acerca de las políticas energéticas y de manejo del agua, y en las decisiones sobre manufactura, consumo y disposición de productos, entre otras que impactan directamente los ecosistemas naturales y la calidad del agua, del aire y de los suelos. Estos asuntos inciden en la salud y el bienestar de la población.

No es por casualidad que el tema de la preservación de los ecosistemas naturales y del ambiente son focos específicos y transversales de los Objetivos internacionales de Desarrollo Sostenible. Cuando el cambio climático es una amenaza real, es preciso revisar los paradigmas que antes descartaban los recursos naturales como accesorios en el desarrollo. Son parte fundamental de la ecuación y Puerto Rico necesita una dependencia activa que vele por ellos.

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