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Fortalecer a Puerto Rico es una tarea compartida

La temporada de huracanes de 2019, la segunda tras el paso del huracán María, llega a su fin hoy sábado con un saldo mixto para Puerto Rico. Aunque este año la isla no enfrentó ningún evento natural de gran magnitud, es imperativo asegurar la preparación que permita a la isla resistir a los fuertes fenómenos atmosféricos.

La dedicación y colaboración de los poderes públicos, los sectores privados y las comunidades son imprescindibles para que el país pueda declarar que ha crecido en su capacidad de resistir y recuperarse de los golpes de la naturaleza.

De los 20 eventos ciclónicos ocurridos en la temporada que cierra, el huracán Dorian fue el más fiero. No afectó nuestra isla, pero la catástrofe que su fuerza de categoría 5 causó en las Bahamas nos recuerda nuestras vulnerabilidades. Una de ellas es geográfica. En la comunidad científica hay consenso en que temporales de alta intensidad, como María y Dorian, serán cada más frecuentes en el Caribe como consecuencia del cambio climático.

Existe, además, una vulnerabilidad social asociada a los niveles de pobreza en que vive casi la mitad de la población y al estancamiento de nuestra economía. Robustecer la infraestructura, durante los procesos de reconstrucción post huracán, debería asistir en la corrección de esa debilidad.

Se han producido algunos adelantos. Luego de ciertos retrasos, este año la mayor parte de los municipios y agencias estatales actualizó sus respectivos planes de emergencia. Uno de gran impacto y urgencia es el diseñado para la modernización de la red eléctrica, que contiene la ruta hacia la transformación de un sistema que sigue frágil y propenso a constantes apagones.

Este importante proyecto, diseñado en colaboración con el gobierno de Estados Unidos, se propone integrar al sector privado como perito y socio inversionista. Puerto Rico necesita un sistema descentralizado, que se alimente de energía más económica y limpia, y que sea capaz de soportar lluvias y vientos de alta magnitud.

En esa línea, proteger la vida y asegurar la cadena de suministros es misión esencial. Gran parte de los 2,975 decesos asociados a María ocurrió durante los tres meses después del ciclón, y estuvo vinculada a la interrupción de los cuidados salubristas. Es vital que los centros de diálisis y las entidades públicas y privadas que ofrecen otros servicios de salud cuenten con planes de contingencia para obtener electricidad.

Las actividades relacionadas con la preservación de la vida requieren el respaldo de una línea ininterrumpida de suministro de alimentos, artículos básicos y combustible. El sector empresarial ha respondido mediante la optimización de sus inventarios y la comunicación efectiva con las autoridades portuarias para que no se repita la escasez de abastos de hace dos años.

Sigue pendiente el gran reto de acceder al financiamiento para la reparación de obras públicas y de viviendas damnificadas. La transformación delsistema energético cuesta cerca de $20,300 millones. El Plan de Desarrollo Económico y Recuperación de Puerto Rico presentado al gobierno federal calcula en $139,000 millones el costo de las intervenciones para proteger la vida y las edificaciones.

Es muy importante que el gobierno de Puerto Rico cultive la relación de confianza con las autoridades federales, fundamentada en el uso eficiente y transparente de los recursos públicos.

Las deficiencias de la infraestructura de represas, puentes, sistema vial, vertederos y miles de viviendas requieren el pronto desembolso de los fondos federales aprobados para lograr una rehabilitación resiliente.

Todos los sectores, incluidos los gobiernos local y federal, deben asumir su responsabilidad en la tarea de construir un Puerto Rico listo para enfrentar los embates de la naturaleza. Esa fortaleza salva vidas y es requisito para el despunte socioeconómico de nuestra isla.

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