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Fortalecer la fibra social para proteger la vida

En el Mes de la Prevención del Suicidio, los puertorriqueños estamos convocados a ejercitar la empatía. Fortalecer los vínculos familiares y sociales que proveen a cada persona sentido y pertenencia puede salvar vidas, a la vez que nutre al país.

Todos debemos aspirar a que nuestra isla sea espacio libre de suicidios. Sin embargo, hemos perdido alrededor de 140 vidas en lo que va de año por este complejo problema de salud pública.

Los datos oficiales indican que la mayoría de los suicidios han sido cometidos por hombres de entre 45 y 59 años de edad. Ocho ocurrieron tras sendos asesinatos de mujeres, en incidentes de violencia doméstica. La lista incluye la pérdida de otras tres vidas de apenas 11, 14 y 15 años de edad. Esos datos retratan realidades. Dan indicios de dónde, como sociedad, debemos prestar atención.

Son muchos los factores que pueden llevar a alguien al borde del precipicio que representa el suicidio. Las investigaciones han identificado una serie de señales de peligro. En muchos casos, las personas que toman esa decisión drástica han llegado a expresar la idea o sentimientos de desesperanza, entre otras señales.

De ahí que, entre las recomendaciones, los expertos destaquen el valor de la escucha activa. Integrar o formar redes sociales, comunitarias o religiosas es considerada un factor protector para combatir la trágica tendencia.

Validar lo que siente el otro, sin juicios, y poder distinguir cuando alguien necesita ayuda profesional, y mientras, acompañar, son prácticas que pueden ayudar a recuperar vidas. Y contribuyen al fortalecimiento del tejido social de Puerto Rico.

También las instituciones públicas y privadas tienen una participación crítica en la prevención de suicidios. Con la campaña “Dale otra oportunidad a la vida... encuentra tu ruta”, el Departamento de Salud cumple parte de esa misión al organizar una serie de actividades informativas alrededor de la isla. El sector privado también pone de su parte al aumentar la cantidad de unidades de estabilización de personas en crisis.

Las oportunidades para hacer más abundan. Puerto Rico pierde cada vez que una persona desiste de vivir. Por el contrario, gana con iniciativas que desde la edad temprana propicien el desarrollo de destrezas para resolver problemas. Desde los centros de cuido, los hogares, las iglesias, las escuelas, aprender a manejar conflictos y emociones, y cultivar relaciones saludables son herramientas de vida que inyectan vitalidad y entusiasmo al país. Sobre todo, en este periodo de reconstrucción.

El desastre del que aún nos recuperamos ahondó las pérdidas materiales y emocionales que ya venía causando una década de crisis fiscal y económica. Durante esos años, el pesimismo en el futuro aquí y la angustia dividieron familias por la fuerza de la emigración. Llevaron luto a muchas otras, marcadas para siempre por la tragedia del suicidio. El promedio de suicidios en la isla supera cada año las 200 vidas.

Pero la emergencia también sacó las mejores cualidades de la mayoría de los puertorriqueños. Como después del paso de los huracanes, ejercitar la solidaridad tiene todavía hoy el poder de proteger vidas y de reunificar familias y comunidades.

Después de todo, prevenir suicidios es retomar el carácter social de ser humanos. Somos en función de los otros. El individualismo aparta de esa naturaleza, abandona y se desentiende de ese otro.

Así, pues, la mejor ganancia que Puerto Rico puede obtener de este mes dedicado a orientar sobre los factores de riesgo y las formas de prevenir el suicidio es generar en los ciudadanos una conciencia que perdure. Y que acerque. Así se tejerá a la vez un país mejor porque cuenta con una fibra social sólida.

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