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Fortunas desperdiciadas en hueca estrategia tecnológica

El gobierno de Puerto Rico presenta cual novedad que el Departamento de Educación adiestrará a maestros en el uso de tecnología. Pero, en ausencia de una transformación del sistema, este anuncio entrará a los archivos como otra costosa reacción inconclusa al ya tradicional rezago tecnológico gubernamental, a pesar de los rebosantes desembolsos en ese renglón.

En la tercera década del siglo 21, Puerto Rico sigue atrás en el campo informático pese a que las administraciones de turno hacen anuncios similares cuyos resultados quedan plasmados hoy en el colapso de los servicios básicos a las familias afectadas por la emergencia del COVID-19.

En Educación, la falta de recursos digitales ha impedido a los estudiantes culminar su año escolar, interrumpido en al menos dos ocasiones este año, primero por terremotos y ahora por la pandemia. La actual es la tercera interrupción abrupta de clases en menos de tres años, desde el colapso de la infraestructura eléctrica y de telecomunicaciones tras el paso del huracán María.

Gracias a programas federales como eRate y Restart (Ayuda Inmediata para Reiniciar Operaciones Escolares), el gobierno local ha dispuesto de miles de millones de dólares que debieron utilizarse en la sofisticación de los sistemas y equipos informáticos de las escuelas.

En un mensaje de presupuesto del cuatrienio 1997-2000, el entonces gobernador Pedro Rosselló ofreció “modernizar la enseñanza, mediante el uso de computadoras” y habilitar escuelas “con los elementos adecuados y la infraestructura necesaria”.

La exgobernadora Sila M. Calderón señaló en su mensaje de estado de 2004 que, bajo el gobierno previo, “se perdieron $120 millones en computadoras que nunca se pudieron usar por falta de la infraestructura eléctrica”. Añadió que la administración de ella invirtió más de $100 millones en 10,000 computadoras nuevas conectadas al sistema eléctrico.

Un año después, en un mensaje de estado, Aníbal Acevedo Vilá propuso, como meta impostergable, conectar el 100% de las escuelas a internet. Describió como inaceptable que en 20 años el país hubiera gastado $35,000 millones en un sistema de educación que consideraba “digno de pena y rabia”.

Luego, bajo el nombre de escuelas del siglo 21, con fondos ARRA, Luis Fortuño prometió corregir las deficiencias del sistema educativo. Para 2012 informó haber invertido $750 millones en modernizar cerca de un centenar de escuelas con conexión inalámbrica a internet.

En 2016, el gobernador Alejandro García Padilla anunciaba la nueva escuela virtual, una plataforma digital con herramientas tecnológicas y acceso las 24 horas desde computadoras, tabletas y teléfonos móviles. Se implementaría en 700 escuelas para 50,000 estudiantes con $8 millones del Título I federal.

El actual gobierno ha repetido anuncios similares en los últimos dos años, sin que ello haya evitado el aborto de este semestre.

En 2018, Ricardo Rosselló anuncióque había $589 millones de Restart para la recuperación de escuelas. Casi un año más tarde, dijo que destinaría $300 millones de ese programa a computadoras para maestros y estudiantes. Otra vez se anunciaron adiestramientos para maestros y se asegurarían redes wifi en los planteles. Ese verano, se anunciaba la adquisición de 140,000 computadoras. Después, ofrecieron 115,000 computadoras y adiestramientos para maestros y estudiantes, y miles de tabletas para niños de kínder a segundo.

Hace un mes, la gobernadora Wanda Vázquez anunció que comprarán tabletas, programas y adiestramiento para 325,000 estudiantes, maestros y directores con $250 millones del paquete de ayudas asociadas a la pandemia.

Ha sido enorme el caudal destinado a la tecnología educativa, sin que haya frutos realmente significativos. Peor aún, las deficiencias tecnológicas se repiten en toda la estructura de gobierno. Se acentúa la repartición, propia del clientelismo, sin rendición de cuentas sobre la eficiencia en el uso del dinero. Se desaprovechan los recursos y el talento local para que los estudiantes aprendan, junto con las materias, lenguaje de programación.

Más que parches reciclados, urge visión y ejecución ágil y eficiente para hacer cumplir las leyes que a lo largo del tiempo han recogido, sin que se implemente, la aspiración de un gobierno tecnológico, propio de la era.

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