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Gobernanza y estabilidad son las prioridades

La entrada de Pedro Pierluisi a la gobernación busca cerrar un oscuro periodo en la gobernanza de Puerto Rico, provocado por la forma deslucida en que su predecesor dejó la gobernación, y por la transición atropellada y sin transparencia que llevó al cambio de mando.

Responsables de estos días aciagos son el hasta ayer gobernador, Ricardo Rosselló, y el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, cuya prolongada lucha de poder se tradujo en la inacción que sumió al país en el desconcierto. La légitima polémica por la intepretación legal que instala a Pierluisi en La Fortaleza, debe ser atemperada por su pública disposición a someter desde anoche mismo su mandato al aval del Senado, para así completar el consejo y consentimiento de ambas cámaras legislativas.

Además, es positivo constatar que, para respetar el ordenamiento jurídico, Pierluisi ha comprometido con el pueblo, y el Senado, que ante un votación adversa a su mandato, lo entregará a la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, acatando el orden de sucesión.

La intransigencia obligó a una solución legal para la sucesión en la gobernación, cuyo desenlace no debería encontrarse en los foros judiciales sino en el descargue de la responsabilidad constitucional del Senado. Ante la inestabilidad gubernamental, fue crucial la apertura de la Cámara de Representantes para celebrar ayer la vista de confirmación de la designación de Pierluisi como secretario de Estado, siguiendo la ruta habilitadora hacia la gobernación.

Por cuatro horas, la comisión cameral de Gobierno, abierta a la participación de otros representantes, pudo preguntar y sopesar las respuestas del nominado. Con validez y respeto, inquirieron sobre las lealtades de Pierluisi al país. Indagaron sobre la extensión de sus vínculos profesionales con la Junta de Supervisión Fiscal, a la que ha servido como abogado; sus posiciones en torno a decisiones críticas para la isla y la independencia de criterio y ejecución en cuanto al gobierno que hereda.

Un moderado Pierluisi respondió las preguntas, lo que derivó en la recomendación positiva del nombramiento. El presidente de la Cámara, Carlos Méndez, convocó para la misma tarde la sesión de votación en la que cada legislador tuvo la oportunidad de declarar su decisión a viva voz. El proceso culminó con tiempo suficiente para notificar a La Fortaleza.

Al entender las dimensiones del mandato que le requería la historia, la Cámara cumplió su responsabilidad, sin prejuzgar al nominado para llevar las riendas del país.

Camino contrario ha recorrido el presidente del Senado, quien se ha visto forzado a adelantar para el lunes tan trascendental proceso. El jueves, Rivera Schatz se valió de una tribuna de primer orden para, mediante un monólogo, someter a Pierluisi a un juicio viciado, negándole la oportunidad de responder o defenderse de las insolencias del senador. Es hora de que los demás senadores se distancien de tal actitud atropelladora, y permitan que Puerto Rico tenga gobernanza en paz. Los senadores están obligados a liberar al pueblo del desasosiego, actuando como les exige un momento tan trascendental para la isla.

En aras de restaurar la gobernanza con la juramentación de Pierluisi como gobernador, la alternativa ha sido aplicar la Ley de Sucesión -Ley 7 de 1952, según enmendada en 2005. Este estatuto permite que un nominado a secretario de Estado asuma el cargo en propiedad si la nominación se produce durante el receso legislativo. La Secretaría de Estado es la primera opción en el orden de sucesión, en caso de que surja la vacante en la gobernación.

El nuevo gobernador, cualquiera sea quien asuma esa misión, tiene ante sí una agenda repleta. Restaurada la gobernanza y la estabilidad, es preciso reconstruir las relaciones con el gobierno de Estados Unidos para encaminar los proyectos de ordenamiento fiscal, la reconstrucción y el desarrollo que Puerto Rico reclama. Se puede hacer con la transparencia y limpieza gubernamental que nuestra gente exige, ahora con intensidad.

Queda una gran lección para el pueblo de Puerto Rico, cuando restan 15 meses para la próxima elección: Hay que participar y acudir a las urnas para asegurar que ese masivo clamor de un cambio sea realmente eficaz.

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