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Hay gran potencial en la diversidad agrícola local

Puerto Rico necesita estimular la actividad agrícola como un componente indispensable de su economía y sobrevivencia. El proceso de recuperación pos huracán provee la oportunidad de dirigir la diversidad de este sector agrícola por la senda del crecimiento.

Este componente isleño no se ha dejado amilanar a pesar de que los golpes de los ciclones Irma y María detuvieron la producción de alimentos de forma temporera. La destrucción de terrenos, cultivos y maquinarias, entre otros renglones, se calcula en alrededor de $1,800 millones.

A lo largo de casi un año, los agricultores han encarado con optimismo estos desafíos y su lucha refleja muestras de avances.

Las áreas que demandan atención incluyen el sistema eléctrico que, aunque restablecido en su mayor parte, necesita reparaciones. De la estabilidad energética dependen los costos de la producción y, por ende, la solvencia de muchas empresas agrícolas.

Reposicionar los productos en los mercados e identificar nuevos nichos son otras gestiones que contribuirán a reducir la dependencia de la importación de alimentos y a identificar lugares para aumentar las ventas de las mercancías agrícolas de calidad que produce la isla.

Al presente, la agricultura puertorriqueña está forzada a competir con otras economías agrícolas de costos bajos en el Caribe, Centro y Sur América, y con actividades agrícolas subsidiadas como las de América del Norte.

Pero el repunte escenificado en los años previos al temporal María es un buen referente sobre la capacidad de los nuestros. Prueba es el anuncio gubernamental en 2016 de que la agricultura superó, por primera vez en su historia, los $900 millones en el producto nacional.

Puerto Rico debe ponerse la meta de recuperar y superar ese logro. Ya se han reportado ciertos avances.

Algunos sectores, como la biotecnología agrícola y el ganado de leche, informaron adelantos en su recuperación en diciembre de 2017. Una cooperativa de productores de carne de res inició gestiones para exportar a Nueva York y Florida. Otro ganadero reinició la producción de carne de cordero. El sector avícola, que registró pérdidas de $39.4 millones y la muerte de más de un millón de pollos, se levanta poco a poco. Repunta la industria de la carne de guinea.

Mientras, una empresa nativa anunció en enero sus planes para aumentar la producción de cacao de alta calidad con la siembra de árboles de alto rendimiento. Y los caficultores han reiniciado sus trabajos en la montaña.

El respaldo gubernamental es imprescindible en el esfuerzo por levantar una industria vulnerable a factores impredecibles como el clima. Las ayudas federales y estatales han dado un respiro temporal al sector que es la espina dorsal de la economía de 21 municipios de la zona central y varios pueblos costaneros. Recursos como los $2,360 millones dispuestos bajo el Programa de Indemnización por Incendios Forestales y Huracanes del Departamento de Agricultura federal representan oportunidades a corto plazo.

A largo plazo es importante que las iniciativas gubernamentales fomenten el desempeño agrícola, así como su diversificación y expansión de los mercados internos y externos.

El hecho de que Puerto Rico importa casi el 80 por ciento de los alimentos que consume muestra cuán amplio es el espacio que pueden llenar los productos agrícolas locales. En el área de oportunidad también se encuentra la preferencia del puertorriqueño por alimentos frescos y nativos.

Es preciso establecer canales de comunicación efectivos entre los líderes de los distintos componentes del agro y los gubernamentales, en torno al papel que debe desempeñar la agricultura en el desarrollo económico y humano de la isla.

El saldo debe ser la plena recuperación agrícola, y la apuesta a su crecimiento. Ahí la clave para lograr la sostenibilidad alimentaria de nuestro país.

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