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La acreditación de la UPR es un valor para el país

La Universidad de Puerto Rico enfrenta una gran prueba esta semana, cuando sus directivos deberán defender, de forma convincente y documentada, la acreditación del primer centro docente del país ante a Middle States Commission on Higher Education, en Filadelfia.

La acreditación universitaria garantiza la calidad de los ofrecimientos académicos. Es llave de acceso al prestigio internacional y a oportunidades colaborativas para la institución; a beneficios académicos y económicos para sus estudiantes; y al mundo laboral para sus egresados. El momento exige que todos los componentes de la comunidad universitaria cierren filas para evitar que la institución pierda el aval.

Los once recintos tienen la acreditación bajo probatoria. El sistema universitario completo está, por primera vez, bajo una orden del organismo evaluador de mostrar causa para conservar la credencial.

La acreditación asegura al alumno que la formación académica en la que invierte tiempo, energía y recursos cumple con los estándares más rigurosos de las mejores universidades del mundo. Para los estudiantes que necesitan ayudas económicas, la entrada a una universidad acreditada les facilita obtener asistencia federal, como los programas de becas Pell, estudio y trabajo y préstamos. De la acreditación general de la UPR dependen programas que deben ser protegidos. También determina que otras universidades reconozcan los grados de la UPR. El título de una institución reconocida es una credencial válida para empleo. Perder la acreditación devaluaría los grados de miles de egresados.

Para superar la condición de probatoria, la Universidad debe presentar a la entidad acreditadora sus estados financieros auditados del año fiscal 2018, antes del 31 de abril. Ya entregó otros que estaban atrasados. La vista que tendrán, este miércoles y jueves, el presidente y los rectores interinos de los once recintos era opcional. Al confirmar su asistencia muestran disposición de la administración universitaria para aclarar dudas. La UPR tiene que evidenciar que cuenta con la capacidad fiscal y los procesos necesarios para apoyar su proyecto educativo.

Los recintos deberán demostrar que pueden cumplir con los requisitos de solvencia, planificación financiera y fuentes de recursos estables. Deberán ofrecer información actualizada sobre el impacto en sus finanzas del plan fiscal aprobado por la Junta de Supervisión Fiscal.

El organismo acreditador puso en probatoria a ocho de los once recintos hace dos años, ante interrogantes en torno a su capacidad para cumplir con su misión educativa ante los recortes presupuestarios. También pesó la paralización de labores académicas y administrativas debido a una huelga estudiantil.

El estándar económico ha sido un señalamiento recurrente de las entidades evaluadoras debido a la casi total dependencia de la UPR en los fondos públicos, lo que se agravó con la quiebra fiscal estatal. La institución ha hecho economías palpables y cuenta con un plan de recuperación fiscal. Alberga en su interior los recursos para evidenciar que su proyecto educacional es viable y necesario para el país. Tiene a su favor un historial de comunicación amplio y abierto con la Middle States. Pero enfrenta el reto inmediato de lograr que sus componentes trabajen en equipo hacia el mismo fin.

También le toca a la UPR buscar nuevas fuentes de ingreso que compensen los recortes ordenados por la Junta Fiscal y le hagan menos dependiente del Fondo General. Tiene el deber de dictar pautas para innovar y reestructurar el sistema hasta convertirlo en uno más eficiente y responsivo a las nuevas tendencias organizacionales, académicas y laborales. Además, en línea con el espíritu universitario, le corresponde modelar formas constructivas de dirimir sus diferencias internas. La UPR tiene que fortalecerse como fuente de capital humano y para su función investigativa en la recuperación social y económica de Puerto Rico.

Por décadas, la UPR ha brindado al país profesionales de primera y, con ellos, múltiples motivos de celebración y orgullo. Es hora de devolverle, con responsabilidad y transparencia, el esplendor con el que también la Universidad ha hecho brillar a Puerto Rico.

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