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La acreditación es esencial para el futuro de la UPR

Consciente del valor de la institución universitaria pública de la que es fruto, Jorge Haddock Acevedo acaba de asumir la presidencia de una Universidad de Puerto Rico repleta de retos, en el centro de los cuales está revocar la probatoria de la acreditación de ocho de los 11 recintos.

La pérdida de la credencial de la “Middle States Commission on Higher Education” colocaría a la UPR en seria dificultad de cumplir con su tarea de formar a pensadores, investigadores y profesionales que aporten al desarrollo económico, social y cultural de un país que encara su necesaria reconstrucción.

La acreditación universitaria está vinculada directamente a la ayuda económica federal que reciben los estudiantes. La entrega de los estados financieros auditados de la UPR a la Middle States y al Departamento de Educación de Estados Unidos está pautada para el 30 de diciembre próximo, como parte del proceso para disipar la amenaza contra los becados.

Es importante, pues, que toda la comunidad universitaria trabaje para garantizar la acreditación, de manera que no se afecten las entradas federales que posibilitan la educación de calidad del talento de escasos recursos económicos.

Superar el desafío de la credencial dependerá del éxito en la administración de un presupuesto recortado, del acopio de fondos externos que aporten mayor solidez y autonomía financiera, y de las estrategias para priorizar la excelencia académica. El estímulo a la actividad de investigación e innovación es fuente de riqueza, y suma créditos a la reputación como centro educativo. En su ejercicio de ajuste presupuestario, el nuevo líder universitario debe tener presente la defensa del ambiente y el aporte a la cultura, como contribuyentes al equilibrio social.

De frente a sus retos, es justo concederle al nuevo presidente de la UPR el espacio y la colaboración para adelantar su importante agenda dentro de la nueva realidad presupuestaria, y de los requerimientos del proceso de recuperación del país.

Por eso se recibe con optimismo la declaración de Haddock Acevedo, en el sentido de que la entidad tiene la competencia para cumplir con los lineamientos del plan fiscal, pese a la disminución de fondos del Gobierno central. Es alentador que los propósitos de renovación universitaria se fundamenten en el convencimiento de que las metas son alcanzables con los recursos disponibles.

El sector universitario está llamado a ser parte vital del esfuerzo amplio de recuperación isleño, siendo la educación fuente del conocimiento que se traduce en valores sociales e incentivos económicos.

Estar a la altura de tales expectativas demanda la redefinición de los procesos y las funciones, así como redistribución de los recursos públicos. En esto, la UPR no es excepción. Uno de sus objetivos primordiales debe ser eficiencia en la prestación de servicios.

Esperamos que el plan fiscal revisado que la UPR presente a la Junta de Supervisión Fiscal, muestre laruta que lleve a término las necesarias reformas universitarias. Entre las iniciativas, el nuevo presidente incluye la revisión de la organización administrativa. Hacerla pertinente a los tiempos es indispensable para respaldar con eficiencia la labor docente y la atención al alumnado.

La colaboración de la comunidad universitaria es clave a la transformación que hace falta. Coincidimos con el presidente Haddock Acevedo en que el proyecto universitario se puede alcanzar en un lapso razonable. Para la UPR es importante, además, reestructurar su deuda de $473 millones.

Es menester el más sólido compromiso de apertura al diálogo y a la participación, junto a la aplicación de los principios de transparencia y rendición de cuentas. El presidente Haddock Acevedo ha expresado que mantendrá las actividades de consulta en los recintos y de evaluación de los rectores interinos. Será saludable también que el principio del mérito, basado en mediciones objetivas, prevalezca en la gestión universitaria.

La visión de Haddock Acevedo aporta con realismo y optimismo al proyecto universitario que Puerto Rico quiere preservar: una educación de excelencia con recursos y administración autosuficiente, consciente de su papel de promotor del desarrollo económico y social.

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