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La educación temprana abre puertas al desarrollo

Con la iniciativa “Kínder de transición”, adoptada este semestre, el sistema educativo puertorriqueño aspira a extender su radio de atención preventiva con potencial de impulsar la movilidad social y económica para miles de puertorriqueños que hoy están en edad temprana.

Damos la bienvenida a un proyecto que aspira a establecer las bases para mejorar el aprendizaje de estos niños a lo largo de su vida. Esperamos que, a través de su ejecución, sea una pieza valiosa en un complejo rompecabezas que sigue a medio hacer.

La atención efectiva a la niñez temprana exige, sobre todo, integración y continuidad, dos características de las que la tradición de política pública en Puerto Rico adolece.

La niñez temprana —que abarca los primeros ocho años— es el periodo más crítico en la vida de una persona. Durante esa fase se configura el bienestar, desarrollo, aprendizaje y la productividad del individuo. Lo que el niño reciba a esa edad tendrá efecto en su futuro social, académico y económico. También afectará su entorno.

Según los estudios más recientes, entre 2010 y 2016, el 56% de los niños de Puerto Rico vivía en condiciones de pobreza. Los datos, contenidos en el Índice de Bienestar de la Niñez del Instituto de Desarrollo de la Juventud, indican que el 53% de los padres no tenía un empleo seguro. La cifra es más dramática cuando se identifican a niños que viven en zonas de alta pobreza: 84%. Ello implica mayor exposición a un ambiente estresante, que altera la capacidad de aprendizaje e impide el desarrollo pleno de estos ciudadanos.

El 35% de los niños de tres y cuatro años de edad no asistía a un centro de enseñanza. Para ellos, ingresar al sistema educativo sin que medien gestiones de apoyo previas, supone un cambio abrupto que puede llegar a ser traumático.

De ahí el valor de procurarles a los menores un espacio de transición adecuada al proceso educativo. Una transición eficaz, coinciden los estudiosos, conlleva además la integración de experiencias, buena coordinación y seguimiento entre todos los proveedores de servicios al niño y su familia.

Puerto Rico cuenta con una ley dirigida a asegurar ese propósito, por encima de los vaivenes políticos. Por virtud de la Ley 93, de 2008, se creó para ello un Consejo Multisectorial para la Niñez Temprana con la misión de ser el ente integrador de la política pública para atender a dicha población. Como tantas otras iniciativas valiosas puestas a un lado con los cambios de gobierno, el Consejo, constituido dos años luego de aprobada la ley, quedó inactivo en 2013. Fue reactivado un año más tarde. Ahora, bajo la presente administración, está inoperante.

Durante su breve periodo de actividad, el Consejo, compuesto por expertos en múltiples disciplinas relacionadas, creó un plan estratégico basado en siete áreas de atención para propiciar el bienestar y desarrollo integral de la niñez temprana. Estas son: nacimiento seguro, salud, educación, familia, seguridad, arte y cultura; y juegos, recreación y deportes.

De modo que dicha atención trasciende al Departamento de Educación. Concierne también a los departamentos de Salud, Familia y Recreación, entre otros. La ley dispone que el organismo es responsable de coordinar entre agencias públicas y privadas para lograr mejores servicios y costo eficiencias.

Requiere valentía y desprendimiento de la clase política generar políticas públicas de país como pilares -comprensivos y estables- del desarrollo colectivo.

Poner foco a las necesidades de la niñez temprana, desde un acercamiento integrador, con metas claras y medibles a corto, mediano y largo plazo, provee herramientas a miles de vidas para alcanzar su mayor potencial. Mientras más a tiempo y mejor atención reciban nuestros niños, mejores las oportunidades de avance justo para Puerto Rico.

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