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La isla tiene que liberarse de su fragilidad energética

El reciente incendio en la central Monacillo en Río Piedras, que provocó una cadena de apagones en varios municipios, recalca el reto de Puerto Rico de superar la fragilidad de su sistema de energía eléctrica.

Precisamente, la disponibilidad de nuevos fondos federales para atender la precariedad energética agudizada por el huracán María, provee a la isla la oportunidad de articular y ejecutar una estrategia para la construcción de un modelo energético sostenible.

La inyección de fondos federales permite acometer un plan con visión clara y un calendario de ejecución, que contemple fuentes renovables de generación eléctrica y sistemas de distribución fortalecidos.

Son imprescindibles la rendición de cuentas y el uso sabio de los dineros. Estrategias bien documentadas serán fundamento de las propuestas de modernización del sistema que se le presenten al gobierno federal. Recordemos que el desembolso a dos años de $2,000 millones para la red eléctrica, y de otros $13,000 millones para programas de salud y de recuperación, está atado a la presentación de planes e informes periódicos, entre otras condiciones.

Para que sea exitoso, ese modelo precisa también la incorporación del sector privado como aliado para superar la fase de remiendos de la red de generación y distribución eléctrica, a la que el país ha estado sometido incluso antes del embate ciclónico. La administración del gobernador Ricardo Rosselló ha estimado en $18,000 millones los fondos necesarios para actualizar infraestructura eléctrica, lo que da cuenta de la magnitud de la agenda.

No dudamos que las brigadas locales y del exterior han realizado su mayor esfuerzo, a pesar de esa estrechez inventarial de la Autoridad de Energía Eléctrica. Le han hecho frente también a la dificultad para acceder a sectores rurales aislados, a escurridizos bolsillos urbanos, y a la configuración laberíntica de la red. Se trata de un sistema que produce la mayor parte de la energía en el sur mientras el consumo mayor está en el norte. Y más de 2,500 millas de líneas de transmisión transcurren de una zona a otra.

La explosión de un interruptor en Monacillos originó las fallas sentidas el domingo en la noche desde San Juan hasta Juncos y que dejaron sin servicio a otras unidades. Mientras, problemas con una línea de transmisión extendieron la falta de electricidad desde Arecibo hasta Barceloneta. Es clara la vulnerabilidad del sistema. Los cada vez menos sorpresivos colapsos energéticos minan tanto la actividad familiar como la de comercios e industrias.

Por eso, nuestra meta como país tiene que asegurar que la red energética aguante las particularidades del trópico, acentuadas por el fenómeno del cambio climático. Además de la temporada ciclónica, las vaguadas, las tormentas eléctricas, las inundaciones y los deslizamientos, suponen riesgos para el sistema.

La Ley federal de Recuperación de Desastre que crea el marco de respuesta bajo el cual actúa la Agencia Federal para el Manejo de Desastres (FEMA), destina los dineros a reparaciones. El caso es que nuestro sistema no puede seguir dependiendo de parches. La asistencia federal debe visualizarse como una inversión hacia un sistema energético confiable. Fondos federales adicionales y fuentes de financiamiento privado son pasos lógicos subsiguientes. Ello debe estar claro en el plan maestro para la edificación fortalecida del sistema.

Para que el sector privado muestre interés de entrar como socio en esta travesía clave para el desarrollo de Puerto Rico, es necesario que el liderato gubernamental produzca los planes estratégicos a largo plazo. Robustecer la Comisión de Energía como ente regulador independiente es, igualmente, un componente medular para poner en acción la estrategia energética.

A casi cinco meses del golpe huracanado y en la antesala de nuevos desembolsos federales, a Puerto Rico le llegó la hora de moverse hacia la sostenibilidad, dejando atrás el sistema de parches que nos deja a oscuras a la menor eventualidad e impide el crecimiento de nuestra economía.

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