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La obesidad infantil es un serio problema de salud

Promover el crecimiento y desarrollo saludable de los niños en Puerto Rico es un asunto transcendental que incluye combatir la obesidad infantil.

A nivel internacional, expertos subrayan que los esfuerzos para frenar el sobrepeso, especialmente en menores de edad, han sido lentos e irregulares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que más de 41 millones de niños menores de cinco años son obesos.

Desde 2011, el Departamento de Salud de Puerto Rico consignó la preocupación por la obesidad infantil al destacar que el 18.3% de los niños que recibía servicios del Programa WIC presentaba sobrepeso. Estudios sobre adolescentes revelan que de 11 a 15% de esos menores son obesos.

La obesidad es una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud, ya que se vincula a enfermedades o condiciones serias como diabetes e hipertensión. Según médicos y otros peritos salubristas, la atención pregestacional y durante el embarazo forma parte de las primeras medidas contra la obesidad infantil. Recomiendan la lactancia, así como una nutrición bien calibrada en los primeros años de vida de la criatura.

Una comisión especial de la OMS con la misión de combatir la obesidad infantil ha planteado que urge promover la alimentación saludable. El llamado a los gobiernos, en coordinación con los demás componentes de la sociedad, es a desalentar la ingesta de alimentos con alto contenido de grasa, azúcar y sal. La entidad sugiere orientaciones en torno a la buena alimentación, así como sobre la importancia del sueño y la actividad física en la primera infancia.

Algunas recomendaciones del citado ente se han traducido en medidas prácticas en colegios que prohíben las máquinas de expendio de bebidas azucaradas en sus instalaciones y han incorporado un menú determinado por nutricionistas en sus cafeterías.

A nivel gubernamental en la isla, es importante que el Programa de Comedores Escolares garantice un menú nutritivo y balanceado para los niños, sobre todo al reconocerse que en ciertos casos de alumnos de sectores vulnerables la ración que reciben en los planteles puede ser su única comida caliente del día.

El Departamento de Educación debe estimular que más alumnos consuman el desayuno en sus comedores, antes de iniciar cada jornada académica. Además, entre los docentes, es necesario el compromiso de estimular el consumo de meriendas saludables que descarten productos chatarra.

La obesidad puede repercutir en el aprovechamiento académico, ya que suele limitar la capacidad de receptividad y retención en el salón de clases, destacan expertos. Además, limita el desempeño deportivo. En tal sentido, la comisión de la OMS sugiere programas amplios que fomenten la actividad física y reduzcan los hábitos sedentarios de niños y adolescentes. En la isla, es encomiable la labor de la Fundación El Ángel, dirigida por Miguel Cotto y centrada en combatir la obesidad infantil. Esos esfuerzos, al igualque los de otras entidades con metas similares, merecen apoyo férreo.

La OMS destaca que algunos gobiernos han legislado para frenar la comercialización de productos de escaso valor nutritivo. Además, han estimulado el consumo de vegetales y otros productos frescos, incluyendo los de cultivos locales, no congelados ni sujetos a preservativos artificiales. En el escenario local, esas iniciativas deben ponderarse, sobre todo para fomentar la agricultura y el consumo de frutos isleños antes que importados.

Las poblaciones pueden estar en situaciones más vulnerables frente a la malnutrición vinculada a la obesidad. Sin embargo, se trata de enfermedades o condiciones prevenibles o tratables en su mayoría. La erradicación de este problema de salud debe comenzar en el hogar. Cada adulto que descarta malos hábitos de alimentación crea el modelaje para forjar generaciones más saludables y productivas. En esa misión, Puerto Rico tiene una importante cuota que aportar.

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