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La preparación adecuada es la clave de la seguridad

La temporada de huracanes que recién comenzó marca el momento de poner en vigor las múltiples lecciones recibidas tras el severo impacto del ciclón María, el 20 de septiembre de 2017.

Uno de los grandes aprendizajes es que la preparación, a todos los niveles —familiar, comunitaria, de gobierno y del sector privado—, puede salvar vidas y reducir el riesgo de pérdidas.

El gobierno central ha anunciado que tiene listo su plan de emergencias y ha informado de algunas de las medidas tomadas para evitar que se repitan las deficiencias de coordinación y de infraestructura que costaron al país casi 3,000 vidas. Es importante que, en esos preparativos, estén claramente definidas las líneas de mando.

Entre otras contingencias, se ha anunciado que se cuenta con más centros de almacenaje de suministros y un plan para ubicar en estructuras seguras a personas con limitaciones de movimiento y pacientes de diálisis. También se han tomado medidas para identificar, geolocalizar y reubicar, en caso necesario, a unos 3,000 adultos mayores que están bajo el cuidado del Estado.

No obstante, un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos (GAO) ha advertido sobre la necesidad de tener una lista de hogares de cuido para adultos mayores y personas con impedimentos. Dicha información, crítica para prevenir y auxiliar en una emergencia, no existía en ninguna agencia del gobierno central cuando los huracanes Irma y María embistieron la isla, según la agencia federal.

En materia de salud, médicos y personal de funerarias han sido entrenados para facilitar la certificación de muertes que liberen de presión al Negociado de Ciencias Forenses. Esto permitiría, por ejemplo, que los expertos forenses puedan concentrarse en el análisis de muertes que ayuden a prevenir potenciales epidemias o identificar a situaciones de alto riesgo asociadas a un desastre.

Mientras, la Autoridad de Energía Eléctrica reconoce que el sistema eléctrico no está preparado para enfrentar otro huracán catastrófico. Sostiene, sin embargo, que está en mejores condiciones de recuperación. En tanto, hay 33 acuerdos de colaboración con instalaciones de energía para apoyar en la rápida restauración la red.

En el sector privado, son vitales los preparativos en instalaciones críticas como hospitales, los sistemas de comunicaciones y las redes que aseguraren el suministro adecuado de medicamentos, alimentos, combustible y otros equipos.

Durante la emergencia de 2017, las comunidades demostraron que son la primera línea de preparación y socorro vecinal, en particular en los sectores más vulnerables. Dos años después, con un valioso capital social, deben estar más fortalecidas para responder con mayor precisión en gestiones de protección a los ciudadanos, sobre todo a las poblaciones más indefensas, en casos de inundaciones, derrumbes o cortes de agua o luz prolongados.

El Estado ha identificado 359 estructuras que podríanservir de albergues. En coordinación con los municipios y las comunidades, debería tener a mano los inventarios de riesgos, necesidades y recursos disponibles en casos de desalojos, rescates y otras tareas de respuesta rápida.

No obstante, la buena preparación empieza por cada hogar. Delinear y repasar a nivel doméstico los planes de seguridad familiar permite asegurar que se cuenta con todo lo necesario para pasar hasta diez días sin acceso a abastos o comunicación. Comprar a tiempo artículos de primera necesidad, alimentos enlatados y agua embotellada contribuye a enfrentar un aviso de tormenta con más sosiego.

También es importante que quienes cuentan con generadores eléctricos conozcan cómo utilizarlos de forma segura. Tanto en el uso de estos equipos como en el almacenamiento de combustible, cada ciudadano debe ser cuidadoso y responsable con sus familias y vecinos.

Los pronósticos climatológicos advierten que en esta temporada podrían generarse hasta 15 tormentas tropicales, de las cuales entre seis y ocho podrían alcanzar categoría de huracán. Hasta cuatro, podrían alcanzar categoría de 3 o más, con vientos por encima de las 111 millas por hora. En cualquier caso, la preparación es la primera y más importante medida de seguridad.

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