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La preparación apta ante huracanes sigue pendiente

Terminada la temporada ciclónica de 2018, Puerto Rico sigue enfrentando el reto de recuperarse del severo golpe ciclónico del año anterior, sin que se disipe la amenaza de más desafíos naturales derivados del grave problema del cambio climático.

Si bien el ciclo huracanado que acaba de cerrar eximió a la isla de nuevas adversidades naturales, otros países americanos no corrieron la misma suerte. La actividad de huracanes de esta temporada estuvo ligeramente por encima de lo normal, con 15 temporales. Michael, de categoría 4, atacó con furia la parte noroccidental de Florida.

Llama la atención que, por cuarto año consecutivo, la actividad ciclónica empezó antes de su fecha oficial, en mayo con la tormenta Alberto. Se produjeron cuatro ciclones simultáneamente.

La comunidad científica insiste en que, de mantenerse el actual nivel de maltrato al planeta, se generarán eventos de mayor fuerza destructiva a través del globo. Sin duda, la alerta se mantiene vigente.

En este escenario de vulnerabilidad y de cara a ciclos futuros, el objetivo es fortalecer la infraestructura pública y privada, los hogares y nuestra capacidad de recuperación. Para ello es vital poner en marcha las tareas de la reconstrucción que quedan pendientes. Estas han sido expuestas por Justo Hernández, coordinador para Puerto Rico de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.

Los principales desafíos conciernen la red eléctrica y las viviendas, debido a la magnitud del golpe a estas frágiles infraestructuras.

A más de un año del azote del huracán María, 3,500 estructuras públicas, entre escuelas y otros edificios, no han sido reparadas. Además, la operación de muchas oficinas públicas sigue dependiendo de generadores de electricidad.

Entretanto, mantener funcionando 16 estaciones de bombeo que previenen inundaciones, así como reparar 16,000 millas de carreteras, dependerán del suplido de materiales y de la prioridad que le corresponda en la amplia agenda de reconstrucción.

Un aspecto fundamental es asegurarnos de que queden atrás las serias dificultades de logística, comunicación y coordinación entre las agencias gubernamentales que obstaculizaron una rápida y eficiente respuesta a la emergencia del huracán María. Los planes de las entidades estatales y federales tienen que diseñarse a partir de la experiencia del año pasado. Debe haber coordinación con los distintos sectores afectados, muy particularmente con el salubrista, el de comunicaciones, el de transporte terrestre y marítimo, el energético y el de agua potable.

El objetivo central es evitar la trágica y absurda pérdida de vidas, como la asociada al ciclón María.

Es inaceptable que a esta fecha los planes municipales de respuesta ante emergencia no hayan sido revisados y que el estatal, confeccionado junto con FEMA, no se haya publicado.

Al mismo tiempo, es importante proveer a las familias herramientas para identificar posibles escenarios de riesgo y para tomar previsiones de acuerdo a sus necesidades particulares.

Mientras se fortalecen las previsiones para enfrentar desastres naturales, es menester abonar al conocimiento público sobre el calentamiento global. El cambio climático que resulta del alza en la temperatura del planeta es responsable, según científicos, del incremento en la actividad y el poder de devastación de los huracanes en el Caribe. Es de esperarse que nos continúe afectando en los próximos ciclos, que se extienden del primero de junio al 30 de noviembre de cada año.

Los ciudadanos y las comunidades adecuadamente informados pueden aportar y motivar a las autoridades gubernamentales a considerar la salud ambiental como parte de la política pública para el desarrollo.

La sensibilidad hacia nuestra isla, y el planeta completo, es un imperativo al acometer las obras de la apuesta de recuperación fiscal, con sus profundas reformas estructurales gubernamentales y asignaciones federales.

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