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La razón no grita

La razón no grita, la razón convence, nos enseñó don Luis A. Ferré. Para convencer sin gritar hay que tener temple, hay que tener apertura, hay que tener argumentos, hay que saber escuchar y, sobre todo, respetar. Pero ayer, en una hora muy crítica de la historia de Puerto Rico, cuando la razón estaba llamada a convencer y de ninguna manera a gritar, el país vio al presidente del Senado exhibirse desde el púlpito sin la estatura que manda su cargo.

El día en que la historia puso en las manos legislativas la oportunidad gloriosa de fortalecer la gobernanza y la democracia puertorriqueñas, Thomas Rivera Schatz le dio la espalda a la gente. Confirmó ser exactamente todo lo que Puerto Rico no necesita y no quiere: un individuo cuya única lealtad es la propia, indiferente al desasosiego y al caos que sus palabras y acciones provocan en Puerto Rico.

Este líder legislativo usa el poder del puesto, no para razonar, sino para intimidar y desprestigiar a todo el que no piense como él. No usó la razón ni la palabra para dar ejemplo de lo que Puerto Rico necesita hoy: un presidente del Senado con calibre de hombre de estado, capaz de estar a la altura del momento histórico para evitar una crisis constitucional. Un líder capaz de escuchar y pensar en los puertorriqueños antes que en su persona.

No, no fue capaz. Lo dominó la ira, el odio, el atropellador poder que embriaga a los que no lo saben llevar. Usó la palabra para intimidar... para atropellar. Y todo Puerto Rico lo vio, el Puerto Rico que no es el mismo de ayer. Hoy nuestra gente está mirando atenta. Los que marcharon por un mejor país para rechazar los viejos estilos, los insultos, la demagogia y la burla desde el gobierno, están conscientes de la conducta reprochable del presidente senatorial.

Sí, el presidente del Senado ayer dio cátedra de lo que no queremos en Puerto Rico. No dejó hablar a casi ninguno de sus colegas; entre grito y grito, insultó al pueblo, a toda la prensa, a los gremios periodísticos, a los alcaldes de su propio partido, a sus compañeros de caucus. Y les dijo: no los voy a escuchar. Yo estoy por encima de todos y cada uno de ustedes, y no me interesa saber lo que ustedes tienen que decir. Fue un triste espectáculo.

Pero, señor presidente, vivimos en una democracia, así que el pueblo es quien le permite al gobernante dirigir. Y este pueblo habló y tiene todo el derecho a seguir hablando.

No se pueden dar puños, lanzar insultos, mentir impunemente y pensar que el pueblo que se levantó hace menos de una semana y obligó la salida de un gobernador que no lo representaba, le tiene miedo a usted porque grita e insulta a martillazo limpio desde un podio prestado. No es suyo, es de nosotros. Los que votamos.

Las expresiones de Rivera Schatz le faltaron el respeto a todo Puerto Rico mientras pocos en el hemiciclo tuvieron la valentía de levantar su voz para decir que nuestro país tiene derecho a escuchar y que, nosotros, senadores y legisladores, tenemos el deber constitucional de preguntar. Muy bien lo dijeron los senadores Zoé Laboy y Miguel Romero: cuando el pueblo no puede votar por la persona que pudiera ser su futuro gobernante, cómo es posible que los legisladores no hagan lo correcto, que es escuchar a la persona nominada.

El gobernador nombró a un secretario de Estado y antes de las 5:00 p.m. de hoy, los cuerpos legislativos deberían haber decidido si ese funcionario sería confirmado o no, para asumir la gobernación, ante el hecho de que la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, había dicho que no le interesaba la gobernación.

El presidente del Senado se ha apropiado del poder que el pueblo le confió, para crear un caos. No le ha importado Puerto Rico ni la Constitución. Tampoco escuchar. Que no se confundan su lealtad ni su agenda porque solo promueven su propio beneficio. Se ha empeñado en secuestrar el orden constitucional de Puerto Rico con la egoísta intención de alcanzar, con vericuetos políticos, lo que las urnas le negarían: la gobernación de Puerto Rico.

Y, ante el pueblo vigilante, la mayoría de los senadores del PNP calló su disidencia, aterrada de enfrentar a la furia del presidente senatorial. Mostraron el miedo a que sus familiares pierdan los jugosos contratos con los que el presidente del Senado los tiene comprados. Pocos otros, como Eduardo Bhatia, Cirilo Tirado y Aníbal José Torres se atrevieron a ripostar a Rivera Schatz.

Los legisladores tienen que tener presente que en Puerto Rico hay democracia. Que las constituciones de Puerto Rico y de Estados Unidos nos permiten a todos disentir, opinar, preguntar y marchar sin miedo. Que este pueblo y la prensa del país no tienen temor.

La presente crisis constitucional ya está plasmada en la historia de Puerto Rico. Y el líder senatorial que pudo dar cátedra de que nuestro país es capaz de respetar los procesos provistos por la Constitución, ignoró la Carta Magna desatendiendo la altura que el país espera de sus líderes. El presidente del Senado no representa a los hombres y mujeres buenos y dignos de Puerto Rico. El tiempo juzgará a quien hoy usa el poder para arrebatarle al pueblo la paz y la libertad.

Luis A. Ferré, fundador del partido que hoy gobierna, también expresó: “La patria no es bandera, ni himno, ni ruido… la patria es esfuerzo creador, es responsabilidad social, es respeto a la razón, y es amor a la libertad”.

Señor presidente, somos más y hoy más que nunca no tenemos miedo.

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