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La seguridad de peatones y ciclistas es tarea de todos

La muerte de otro ciclista en una de nuestras carreteras, el jueves pasado, debe mover a los ciudadanos a revisar las actitudes al conducir y al gobierno a crear vías seguras como parte de la reconstrucción de Puerto Rico, en particular para peatones y ciclistas.

En lo que va de año hasta el jueves, 258 personas habían muerto en las carreteras de la isla. Entre ellos, seis ciclistas, 35 motociclistas y 91 peatones. Según la Comisión para la Seguridad en el Tránsito, cada 90 segundos una persona resulta herida en choques a consecuencia del consumo de alcohol. En esta temporada navideña el riesgo aumenta, a menos que cambiemos los patrones.

Todos tenemos algo que aportar a la seguridad vial del país.

Las carreteras se han convertido en frentes de guerra en las que los vehículos manejados irresponsablemente son armas letales. La violencia social que enferma a la isla se traduce en negligencias al volante como cortes indebidos, velocidad excesiva, ignorar las distancias prudentes, no respetar señales o semáforos, ni a ciclistas y transeúntes. Y en el uso irresponsable del celular para hablar, escribir o revisar mensajes. La furia o las frustraciones se descargan contra los demás a través del acelerador. Es deber de cada conductor reconocer su parte en el problema y en la solución. Como es responsabilidad de ciclistas y peatones ser prudentes.

Informes de Estudios Técnicos, basados en encuestas a 500 conductores con edades de 16 años o más con licencia activa, en 2017, revelaron que la mayoría de los entrevistados pasa un promedio de dos horas al volante en días de semana y usa su vehículo de motor para ir al trabajo o de compras. El 44% dijo usar su teléfono celular mientras conducía. Casi el 20% respondió que alguna vez envió o recibió un mensaje de texto mientras guiaba. El 15.5% dijo que siempre o casi siempre recibió o envió uno. La condición de las carreteras fue la preocupación prioritaria de la mayoría de los encuestados, seguido por los conductores distraídos, la velocidad o los conductores ebrios. Solo un 13% reconoció que siempre excede el límite de velocidad.

No se puede depender solo de medidas punitivas o de que la Policía multe en cada esquina, para mejorar. Se requiere también una buena dosis de respeto y civismo.

Desde el gobierno urge, además, la acción proactiva. Durante décadas, el desarrollo urbano en la isla ha girado en torno a los carros. Las aceras se ocupan como espacios para estacionar y las ciclovías escasean. El desparramamiento urbano dificulta que la gente se mueva a pie o en bicicleta, o use el transporte masivo para quehaceres cotidianos.

La reconstrucción es oportunidad para que Puerto Rico reformule sus prioridades urbanistas para desarrollar ciudades nuevas centradas en las personas y su bienestar. Las vías deben representar la diversidad de intereses y necesidades de la población. Deben proveer espacios y alternativas de transportación eficiente, que estimulen la actividad física de una población con altos niveles de obesidad y deficiencias cardiovasculares.

Ese desarrollo urbano debe propiciar la integración, en vez del desplazamiento de las personas. Conceptos urbanistas modernos, como las calles completas o ciudades saludables, han probado su efectividad en numerosas urbes del mundo. Se trata de crear espacios amplios, seguros y atractivos donde los ciclistas transcurran en armonía con caminantes, tanto como con usuarios de vehículos privados y públicos. Esos espacios propician el encuentro. También benefician el desarrollo sostenible porque devuelven vida al comercio local, atraen a turistas, mientras reducen las emisiones que contaminan y agudizan las enfermedades respiratorias.

Los peatones y ciclistas tienen derecho a moverse libremente sin temer por sus vidas en ciudades que, por su planificación y el alto sentido de responsabilidad de sus conductores, hagan posible la mejor convivencia social.

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