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Las soluciones se forjan dentro del clima de paz

Puerto Rico le ha evidenciado al mundo, que nos mira a través de los medios internacionales de mayor prestigio y alcance, que atesora su estabilidad socialaun en medio de la profunda crisis institucional sin precedentes que el pueblo se esfuerza por superar.

Preservar la mesura y el respeto mientras se expresa el reclamo legítimo de la salida del gobernante, como los puertorriqueños han hecho en las últimas semanas, fortalece la convivencia social y enaltece el valor que tiene para nuestros ciudadanos el sistema democrático.

El respeto a los derechos civiles y al orden social permite la continuación de las actividades cotidianas mientras se ejerce la libertad de expresión y se resuelve la crisis de gobernabilidad del país. Los niños y adolescentes necesitan prepararse para el regreso escolar; las agencias públicas continuar sus servicios; y los negocios activar la economía que protege y crea empleos.

La paz social permite al Estado concentrar las energías en resolver de forma pronta y adecuada la crisis de gobernanza, como puntualmente reclaman el liderato empresarial y otros sectores económicos y sociales. Con la cúpula de gobierno fuera de La Fortaleza, sin comparecencias públicas, la estructura pública ha perdido en las últimas semanas a jefes de agencias que deben ser reemplazados para asegurar la actividad pública.

Por eso es imprescindible que prevalezca la razón y el respeto en las manifestaciones que tienen su epicentro en el Viejo San Juan y se extienden por otros puntos de la isla. De cada lado del perímetro que establece la Policía, se encuentran puertorriqueños cansados y agobiados que cumplen sus respectivas misiones en este momento de tristeza histórica.

Expresar el sentir colectivo de forma ordenada permite a los comerciantes retomar actividades que aportan al bienestar de sus empleados y a la economía del país. Ofrece a los vecinos descanso y sosiego en este periodo de tensión. También confirma a los turistas que elegir a la isla como destino valió su inversión. Muchos de estos visitantes han expresado muestras valiosas de solidaridad con la causa que libra el pueblo. Reciprocar con el clima de seguridad que esperan es lo correcto.

La expresión pacífica amplifica su alcance entre sectores que tradicionalmente son renuentes a la protesta pública, pero que reconocen la justicia y la razón del clamor ciudadano. El miércoles, la organización que reúne a los jóvenes afiliados al Partido Nuevo Progresista se unió al coro de voces cívicas que aboga por la renuncia de Rosselló. Anunció su intención de unirse a las manifestaciones públicas y debe ser acogida en ánimo fraternal.

La violencia, en cambio, divide y aleja. Son inaceptables las escenas protagonizadas por manifestantes que lanzan objetos a la Policía o rompen cristales de vehículos y tiendas. Igualmente lo son las imágenes de escuadras de policías que ocupan espacios públicos fuera del perímetro de defensa de La Fortaleza mientras disparan gases lacrimógenos como los del lunes en la noche que incendiaron un vehículo.

Permitir que los eventos transcurran en orden es un deber compartido por los ciudadanos y el Estado. En este sentido, es preciso que las autoridades de ley y orden reconozcan los límites que le impone la Constitución, en la misión de proteger los derechos civiles. Por su parte, los ciudadanos tienen derecho a congregarse y expresarse en paz, y la responsabilidad de hacerlo pacíficamente.

En esta coyuntura, el liderato gubernamental tiene en sus manos la más preciada oportunidad de devolverle al país su estabilidad institucional y social. Tanto Rosselló, como los presidentes legislativos, Carlos Méndez y Thomas Rivera Schatz, pueden ponerle fin a la crisis que lastima por igual a los ciudadanos, las instituciones y la economía.

Urge designar a personas con las competencias idóneas para ocupar la secretaría de Estado y las agencias económicas y fiscales. Apremia encaminar la transición en La Fortaleza que les devuelva credibilidad a nuestras instituciones, que propicie la normalidad social y la pronta recuperación económica. Estas importantes tareas requieren una sociedad de paz.


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