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La UPR debe abrazar la innovación y sostenibilidad

Como primer centro docente, la Universidad de Puerto Rico está llamada a modelar las mejores prácticas planificadoras, gerenciales y formadoras del país sostenible al que todos aspiramos.

Ante los retos que suponen los recortes presupuestarios que la realidad fiscal de la isla exige, le corresponde a la importante institución distanciarse del inmovilismo habitual del gobierno. La UPR debe ser puntero de innovación. Y debe empezar consigo misma, concibiéndose como una institución de avanzada, motor de la construcción social y económica del Puerto Rico de las próximas décadas. La Universidad no puede lucir ajena a ese rol de liderazgo que le toca asumir de cara a la reconstrucción puertorriqueña.

La administración universitaria señala como prioridades mantener la calidad de su oferta académica, aportar al sistema de retiro universitario y mejorar la infraestructura física e informática.

Al mismo tiempo, resiste los ajustes dispuestos por la Junta de Supervisión Fiscal ante las metas de equilibrio presupuestario. La UPR advierte que los recortes pueden obligar el cierre de recintos. Pide continuar una práctica que puso en precario los sistemas de retiro, aportar hasta la mitad de lo que le corresponde. Cifra sus esperanzas en una propuesta congresional para restituir el presupuesto de años atrás, por lo menos, $800 millones anuales, un objetivo poco realista.

Miles de pensionados del gobierno central tendrán que hacer ajustes en sus presupuestos domésticos al enfrentar los recortes que buscan sostenibilidad para los sistemas de retiro. Es un hecho que los contribuyentes no pueden seguir asumiendo la totalidad de esos pagos como remedio al desplome del fondo de pensiones.

Por su parte, le corresponde al sistema universitario reconocer la necesidad de una reestructuración que prime la enseñanza y la investigación, y dé paso a la innovación y a las alianzas como puerta a la sostenibilidad. La UPR puede ser, gracias a la fuerza de su talento diverso, hervidero de productividad y generador de prosperidad.

Como el país mismo, la Universidad de Puerto Rico tiene que refundarse para tener la capacidad de sostenerse en tiempos de austeridad y de cambios acelerados constantes. La nueva UPR debe poder transformarse con rapidez con una estructura organizacional y presupuestaria, ágil y sostenible.

En tres años, la UPR ha podido operar con $330 millones menos debido a los ajustes dispuestos por la Junta. En el último año, ha cumplido con los requerimientos de tener listos por lo menos tres estados financieros auditados. El incumplimiento previo con esa gestión administrativa fundamental para su salud financiera, llegó a poner en riesgo la acreditación de la institución por la Middle States Commission on Higher Education.

La UPR debe comenzar un proceso de introspección para construir, desde su propia estructura, un laboratorio dinámico de investigación y acción que cree soluciones para la institución y para Puerto Rico. En la era digital, los avances tecnológicos permiten a las instituciones hacerse accesibles a una población que trasciende nuestras costas, a la vez que atienden los objetivos de desarrollo del país.

La construcción del sistema universitario de este siglo requiere apertura, visión a futuro y unidad de propósitos de todos los componentes. Como máximo centro del conocimiento, la UPR tiene la responsabilidad de aportar al aprendizaje y a la investigación para concebir cómo debe ser el país en las próximas décadas. Le toca identificar cómo se hará motor del desarrollo humano y económico. Y definir las prioridades para alcanzarlo. A partir de ahí, puede crear las oportunidades para generar sus propios ingresos, por patentes, y por contrataciones y alianzas con el sector privado, con el tercer sector y con el propio gobierno.

Es hora de apostar a las capacidades científicas y creativas de la UPR para generar ingresos mientras crea soluciones a los retos más apremiantes de Puerto Rico.


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