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Lección aprendida

Luego de un proceso de introspección, reflexión y análisis, este diario entiende que la columna escrita por Wilda Rodríguez, titulada “¿Qué quiere “el judío” con la colonia?” publicada el pasado 8 de enero en las páginas de Opinión de El Nuevo Día es contraria a las políticas de publicación de nuestros periódicos porque su contenido apela a sentimientos y actitudes prejuiciados y antisemitas.

Nos disculpamos sin reparos con la comunidad judía en Puerto Rico y en el exterior por la publicación de la columna, la cual ha sido removida de nuestra plataforma digital. De ninguna manera la opinión personal de la columnista es compartida por nuestra empresa, ni por la familia que la dirige.

El Nuevo Día aspira a ser un pilar de la libertad de expresión en nuestra democracia. Respetamos, ante todo, la dignidad de todo ser humano y la diversidad de ideas. Pero la libertad de expresión viene con responsabilidades. La libertad de expresión y la libertad de prensa no deben ser vehículos que fomenten el discrimen. Nuestra misión es trabajar por lograr una sociedad más sensible, en la que reine el diálogo de apertura. La experiencia lamentable de la difusión de la mencionada columna y las numerosas voces que reclamaron contra la publicación han provocado en nosotros un serio proceso de reflexión. La lección ha sido aprendida.

La Liga Antidifamación, en reacción a la publicación de la columna, lo expuso de la siguiente manera en un comunicado ya publicado en nuestras plataformas: “No es la primera vez que ante una crisis económica se les acusa a los judíos de controlar el poder y el dinero”. Agrega que la columna “sigue al pie de la letra las peores herencias de regímenes antisemitas que quisiéramos haber dejado atrás en el siglo XX”.

La experiencia puertorriqueña con nuestra comunidad judía siempre ha sido muy positiva. De hecho, luego del golpe que el huracán María propinó a Puerto Rico, la comunidad judía en la isla, junto a la comunidad judía de los Estados Unidos, se activó sin reparos para ayudar a los puertorriqueños en el momento de necesidad más grande que hemos sufrido en más de un siglo.

En el Congreso, las voces del senador Charles Schumer, por Nueva York, y Bernie Sanders, por Vermont, se unieron a los puertorriqueños Nydia Velázquez y Luis Gutiérrez en la solicitud de ayuda para los ciudadanos americanos de Puerto Rico. Son gestos de solidaridad y humanidad que apreciamos. Ellos han hecho más por ayudar a Puerto Rico después del huracán que los senadores Marco Rubio, Orrin Hatch o el representante Paul Ryan.

El propio Estado de Israel, calladamente ha enviado, tanto ayuda por vía aérea, como rescatistas y personal médico, además de asistir en la reconstrucción de casas en la isla.

El problema de Puerto Rico nada tiene que ver con los judíos. Nosotros los puertorriqueños somos responsables de estar donde estamos: entre otras cosas, por aceptar políticos corruptos, por permitir el nepotismo y por ser indiferentes ante la ineficiencia del gobierno. Estamos donde estamos por tolerar un gobierno que gasta más que lo que tiene y que hipotecó al país por generaciones y un Congreso al que le importa poco lo que le pase a Puerto Rico. Esa es la realidad. Nada tiene que ver con ser judío.

El incidente de la columna nos sirve para meditar y crecer. Aprender de los errores son lecciones que nos convierten en mejores seres humanos. Eso es lo que haremos nosotros abriendo la conversación sensible y aceptando nuestra responsabilidad: la columna jamás debió ser publicada.

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