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Los carjackings no pueden quedar impunes

El alza en la frecuencia de los asaltos a mano armada a conductores de vehículos, que en estos días segó la vida de un trabajador en Santurce, obliga a las autoridades a asegurarle a la gente que esa conducta desalmada no queda impune. Es imperioso fortalecer la estrategia que acabe con esta aterradora actividad criminal que atenta contra el sosiego de las comunidades.

Desde el pasado miércoles hasta la madrugada de ayer, la Policía reportó al menos ocho casos en los que individuos armados interceptaron a conductores y les robaron sus vehículos.

En lo que va de 2019, tres carjackings han tenido saldos letales: perdieron la vida el chofer de entrega a domicilio Carlos Gilberto Ponce Fernández, en Santurce; el agente de la Policía estatal Jesús Marrero Martínez, en Vega Alta; y el estudiante de enfermería Andrés Pagán Santos, en Añasco. Las zonas policiacas de Bayamón, Carolina y Caguas figuran entre las de mayor incidencia del delito. Del 1 de enero al 5 de agosto, la Uniformada había registrado 338 crímenes de este tipo a nivel isla.

Es preciso esclarecer, procesar judicialmente y castigar a quienes hayan cometido esos asesinatos. Es deber mayor evitar que esas muertes violentas queden impunes como hasta ahora ha ocurrido con la del maestro cuatrista Javish M. Viera Sánchez, ocurrida durante un carjacking en Vega Alta en 2016.

La Policía de Puerto Rico enfrenta diversos retos. Uno es llenar las plazas vacantes de agentes tras los procesos de retiro y la emigración de esos recursos y otros empleados de la agencia a diversas ciudades de los Estados Unidos en busca de mejores ingresos. Entendemos que la lucha contra el flagelo del narcotráfico sigue siendo la prioridad número uno. Sin embargo, ante la ola de carjackings son necesarias investigaciones bien sustentadas para contribuir a reducir la incidencia de estos casos, frenando la reincidencia y desalentando a otros realizar esos crímenes.

La Policía ha declarado que ha puesto en vigor un plan, producto del análisis de la incidencia y de investigaciones de los carjackings, entre otros indicadores de inteligencia criminal. El objetivo es frenar esos delitos e intervenir con los sospechosos. Es menester que las autoridades intensifiquen su ofensiva para lograr a corto plazo mayor seguridad en las vías públicas.

Para los ciudadanos que trabajan fuera del hogar para sostenerse, y a sus familias, el vehículo es un bien esencial. Sufrir la violenta agresión mediante la cual se arrebata esa propiedad es un atentado psicológico grave que en demasiadas ocasiones culmina en agresión física o asesinato.

Por ello, es crucial que las autoridades de seguridad, federales y estatales, afinen las iniciativas de colaboración para la prevención y las investigaciones que encaminen la acusación, el procesamiento y la convicción de los individuos implicados en estas actividades criminales.

En muchas ocasiones, el carjacking constituye la primera fase de un sistema de crimen organizado que incluye un lucrativo trasiego ilegal de venta de piezas de vehículos de todo tipo. Pero ofensivas interagenciales consistentes y abarcadoras pueden ayudar a penetrar todos los niveles de esos grupos que suelen pertenecer a organizaciones clandestinas que se lucran con el robo de autos.

La población, por su parte, está llamada a no ignorar medidas preventivas sugeridas por peritos en seguridad para evitar ser blanco fácil de delincuentes pendientes a circunstancias fáciles para perpetrar este tipo de ataques. En tal sentido, es recomendable evitar estacionar vehículos en áreas poco iluminadas o distraerse estando al volante.

Una cruzada renovada de mayor prevención ciudadana, conjuntamente con los esfuerzos interagenciales para atacar la ola de carjackings, permitirá reforzar un aspecto crucial de seguridad pública determinante para la paz social.

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