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Los prejuicios obstaculizan los esfuerzos de prevención

La misma fuerza que los gobiernos, sectores privados y ciudadanos empeñan para evitar el contagio con enfermedades infecciosas como el coronavirus debemos emplearla para rechazar prejuicios y estigmas que causan daños a individuos y grupos en la sociedad.

La propagación del COVID-19 en decenas de países ha generado preocupaciones legítimas sobre salud pública a nivel mundial. Esas inquietudes deben propiciar iniciativas de protección, sin de ninguna manera traducirse en conductas prejuiciadas o hasta xenofóbicas.

Nos solidarizamos con los ciudadanos y residentes de origen extranjero en Puerto Rico y otras partes del mundo que corren el riesgo de ser víctimas de acciones discriminatorias porque en sus países natales han surgido casos de coronavirus. Las expresiones y comportamientos prejuiciados suelen alimentarse de la desinformación que se propaga de forma irresponsable en torno al virus. A todos nos corresponde evitar que ninguna expresión estigmatizada se asiente, sobre todo en nuestras comunidades. 

Hasta este momento, el contagio se ha detectado en casi todos los continentes, siendo Asia y Europa los de mayor incidencia, y China e Italia los países con más casos. 

La confirmación de personas infectadas en jurisdicciones vecinas como República Dominicana, San Martín y San Bartolomé, así como en los estados estadounidenses Florida y Nueva York, con las cuales Puerto Rico mantiene intenso tránsito turístico, comercial, gubernamental y familiar, debe abrir a oportunidades de estrategias de prevención coordinadas. 

El miedo y el rechazo son base para el prejuicio. En situaciones de brotes o epidemias, obstaculizan los esfuerzos para contenerlos y la atención adecuada a los pacientes. Sustituir la información veraz por creencias infundadas que llevan a la comisión de injusticias contra otros solo empobrece la prevención y respuesta ante el contagio. Urge erradicar de plano estas actitudes.

Ni al coronavirus ni a ninguna otra enfermedad se le puede atribuir un origen nacional o étnico. Hacerlo sería incurrir en errores del pasado, cuando la estigmatización social, alimentada por la ignorancia, sustituyó a la solidaridad y marcó a comunidades enteras expuestas a contagios. 

Un ejemplo fue la “gripe española”, que mató a entre 40 y 50 millones de personas entre 1918 y 1920 y se considera la pandemia más devastadora de la historia. Estudios posteriores han indicado que la epidemia no comenzó en España, sino en una base militar de Kansas. Sin embargo, al ser España el único país que reconoció oficialmente la existencia del mal -ya que era neutral en la Primera Guerra Mundial y no se vio compelido a censurar la noticia, como lo hicieron otras naciones involucradas en el conflicto bélico que no querían minar la moral de sus tropas- cargó con un señalamiento incorrecto.

Ante situaciones similares, acudir a fuentes oficiales de información -como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS)- surge como metodología para evitar conceptos equivocados que pudieran dar paso a conductas discriminatorias.

Las autoridades gubernamentales, entretanto, deben continuar afinando su respuesta para prevenir contagios con coronavirus en Puerto Rico. La isla está en nivel de Alerta 3, que se refiere a prevención, comunicación y orientación. Desde una perspectiva de cautela y serenidad, hay que continuar activando los protocolos de seguridad establecidos por los CDC, monitoreando el movimiento de pasajeros en el aeropuerto Luis Muñoz Marín y verificando los recursos disponibles en los hospitales, entre otras medidas.

En momentos de crisis, el ser humano suele crecerse y dar lo mejor de sí a quienes lo necesitan, como hemos demostrado ampliamente en Puerto Rico. Los puertorriqueños podemos seguir enarbolando la bandera de la solidaridad, cerrando el paso a la xenofobia y al trato discriminatorio, mientras seguimos evitando que el coronavirus llegue a nuestro suelo.

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