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Medir el desempeño es vital en la gestión pública

La adopción de metodologías presupuestarias basadas en el cumplimiento de objetivos públicos se plantea como un importante abono a la confianza que debe regir el uso de los recursos fiscales, ante el pueblo de Puerto Rico y las autoridades en Washington.

El gobernador Ricardo Rosselló ha anunciado que el próximo presupuesto del gobierno, efectivo el primero de julio, estará guiado por indicadores de desempeño que permitirán saber con más precisión en qué se gasta cada dólar.

Precisamente, asegurar que el gasto en cada una de las entidades gubernamentales responda a los objetivos de política pública, es cónsono con las metas de responsabilidad fiscal contenidas en la Ley Promesa.

La seriedad en la disposición de la hacienda pública es obligación mayor en la actual precariedad financiera. Lo es también ante el férreo rigor gerencial al que el gobierno de Estados Unidos condiciona el desembolso de los fondos para la reconstrucción de la isla.

Sin duda, la aplicación objetiva de métricas de ejecución presupuestaria ayudaría a dejar atrás el rezago en transparencia y rendición de cuentas que suele dificultar hasta los más nobles propósitos, como ha sucedido por décadas en la administración pública de nuestro país.

La falta de métricas de cumplimiento ha causado que los presupuestos abultados de muchas agencias y corporaciones públicas no se traduzcan en calidad de servicios para la población. El impacto nefasto en los sectores más vulnerables está ampliamente documentado.

Bien aplicado, el previsto paradigma presupuestario serviría para justificar alzas o reducciones en las asignaciones de fondos para las entidades del gobierno e incentivar que la calidad sea el foco en la prestación de servicios. La eficiencia aportaría al cuadre de la caja pública y a frenar prácticas de corrupción.

Además, los dineros ahorrados permitirían separar porciones para el cumplimiento de las obligaciones y para incentivar la economía.

El nuevo modelo contendría una visión más amplia y detallada del comportamiento histórico del uso de los fondos, así como el costo real futuro de los servicios. Para ello, debe asegurar que cuenta con datos precisos y veraces de las distintas instrumentalidades públicas, un aspecto muy retador porque no todas están al día en ese menester. La puesta en vigor de rendición de cuentas debe estar acompañada por una cultura de supervisión efectiva continua.

El modelo anunciado ha sido implantado en múltiples jurisdicciones de Estados Unidos con resultados mixtos. El gobierno contará con apoyo técnico del Instituto para la Eficiencia de los Estados para el diseño, con recursos del gobierno, de una plataforma tecnológica, que se mantendrá como propiedad del Estado.

El nuevo presupuesto, con proyecciones a tres años, exigirá a las agencias y programas cumplir con métricas específicas que permitan confirmar si las partidas asignadas son suficientes para las operacionesen las agencias y cuáles son efectivas o necesarias.

El gobernador adelantó que la herramienta permitirá mostrar las tendencias de gastos de los pasados diez años, por ejemplo, en cuanto a inversión de mejoras capitales.

El nuevo cambio propone cinco pilares de transformación: instrumento de rendición de cuentas, planificación, mecanismo para la toma de decisiones y reconoce y premia los resultados. De concretarse, los ciudadanos podrían contar con nuevos elementos para evaluar de la gestión pública y el uso de sus contribuciones.

Los procesos que permitan al Estado transparentar, rendir cuentas —y evitar los patrones cíclicos de planes sin seguimientos— tienen el potencial de reducir derroches y fortalecer la democracia.

No obstante, los procesos en sí mismos no son suficientes. Hace falta cimentar una cultura de respeto y supervisión efectiva continua al cumplimiento de estos valores.

Confiamos en que los sistemas de mérito, métricas y desempeño, tanto como la transparencia y la rendición de cuentas, se conviertan en norma del gobierno.

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