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Necesaria una cultura de prevención alimentaria

El paso cercano del ciclón Dorian por Puerto Rico no representó, afortunadamente, un impacto directo a nuestra tierra, pero puso de relieve la necesidad inaplazable de prevenir, adoptar y mantener las medidas requeridas para asegurar el abasto de alimentos y productos de alta demanda durante una emergencia.

La afinación de los preparativos que han realizado las tiendas y supermercados luce como una respuesta adecuada para impedir interrupciones en la cadena de suministros y el desabastecimiento de bienes, sobre todo en agosto y septiembre, los meses pico de la temporada ciclónica. Muestra cómo una nueva cultura de prevención va afianzándose y empezando a echar raíces en la clase empresarial.

Así lo han reconocido líderes de la industria alimentaria en el país, tales como la Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos (MIDA) quienes, tomando como base las lecciones aprendidas con el huracán María, aseguran haber tomado las previsiones necesarias en áreas neurálgicas como generación de energía eléctrica, abastos de combustible, suplido de agua y telecomunicaciones, que permitan la continuidad ininterrumpida de sus operaciones.

De manera crucial, muchos comerciantes identificaron la urgencia de agregar redundancia en sus sistemas independientes de producción de electricidad para poder mantener las puertas abiertas, con víveres y productos disponibles en las góndolas. La adquisición con tiempo de generadores eléctricos y la habilitación de espacios de almacenaje de combustible les permitirá ofrecer al consumidor aquellos alimentos básicos que requieren refrigeración cuando, previsiblemente, ocurra una emergencia.

Del mismo modo, los líderes empresariales sostienen que los itinerarios de reabastecimiento han sido revisados, incluyendo preacuerdos de distribución con algunos suplidores para evitar que el flujo de productos esenciales se detenga aun después del paso de un fenómeno atmosférico.

Son de reconocer además los esfuerzos de las empresas de alimentos para contar con formas alternas de comunicación en la eventualidad de interrupciones en las telecomunicaciones. La realización de transacciones monetarias, tan cotidianas en nuestro diario vivir, así como los cobros, se protegen con la puesta en marcha de estos sistemas. Mantener estas vías abiertas y la banca operacional viabilizará que el consumidor tenga acceso a sus fondos y las tiendas y supermercados puedan realizar transacciones, evitando un daño mayor a la economía.

Estas protecciones tecnológicas son de especial importancia para dos grandes poblaciones -los pensionados por el Seguro Social y los beneficiarios del Programa de Asistencia Nutricional- que reciben mensualidades por medios electrónicos y se valen de ellas para comprar alimentos.

La dependencia de la importación del 80% de lo que aquí se consume nos hace muy vulnerables ante eventos cíclicos como los huracanes, cuya temporada ocupa la mitad del año. A ellohay que añadirle el hecho de que casi todos los productos que se consumen en la isla entran por el puerto de San Juan. Esta realidad impone sobre las autoridades estatales y federales la obligación de hacer una coordinación que permita el arribo eficiente y el despacho rápido de alimentos a tiendas y supermercados.

Las previsiones tomadas por el comercio benefician a los ciudadanos a corto plazo, al ir atemperando los recursos disponibles a las nuevas realidades que aprendimos con María. Sin embargo, a largo plazo Puerto Rico debe fortalecer el acceso a alimentos mediante la promoción local de proyectos agrícolas, de pesca y de producción de comestibles de forma sostenible para el ambiente y la sociedad. Urge una mayor conciencia ciudadana sobre esta situación, incluyendo la creación de huertos caseros que contribuyan a la seguridad alimentaria de los individuos y sus familias. Es una excelente oportunidad para continuar repensando y recreando el nuevo país que queremos, firme, solidario y de pie.

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