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No podemos bajar la guardia ante el virus

Con la muerte de la primera persona diagnosticada con coronavirus en nuestro suelo, Puerto Rico entra a una nueva fase de alerta y concienciación en torno a la peligrosidad de esta pandemia.

Deben acelerarse los esfuerzos para identificar potenciales focos de contagio asociados a las circunstancias en que la víctima, una turista italiana, llegó a Puerto Rico. La mujer arribó en un crucero el 8 de marzo, días antes de que el gobierno tomara las medidas de prevención que acompañaron la declaración del estado de emergencia. Se estima que el 96% de más de 1,400 personas, entre pasajeros y tripulantes del barco, recorrieron las calles y comercios del Viejo San Juan, entre otros lugares, ese día. La nave dejó otro pasajero con el virus en las islas Caimán, quien también murió, y ha sumado informes de contagios en su travesía de regreso a Europa.

La turista era una de 21 casos positivos que Puerto Rico ha contabilizado, de 235 pruebas informadas hasta ayer. El gobierno ha reconocido que deben ser muchas más las personas contagiadas y sin diagnosticar, incluso asintomáticas. Se sabe que al menos dos personas con el virus participaron de eventos multitudinarios.

Reiteramos la importancia de la celeridad en la detección de casos y el rastreo de contactos, por parte de las autoridades sanitarias. Mientras, es imprescindible que los ciudadanos refuercen sus acciones preventivas con responsabilidad y prudencia.

La principal recomendación para el mundo y nuestra isla es permanecer resguardados en las casas, sobre todo si se tiene síntomas del coronavirus. Esto ha probado ser eficaz para prevenir la propagación del virus, cuyo nivel de presencia en la isla es aún incierto.

Puerto Rico fue de las primeras jurisdicciones en Estados Unidos en decretar el cierre parcial de las operaciones públicas y comerciales, y ordenar un toque de queda para la población. Si la medida ha alterado la cotidianidad al momento, acatarla con conciencia ciudadana es lo que puede garantizar que pronto podamos salir de la emergencia. Subestimar la capacidad de contagio de la nueva plaga ha costado a países como Italia la mayor cantidad de muertes a nivel mundial. Este sábado, la trágica cifra de decesos en el país europeo superó los 700 en un solo día.

Por otro lado, es preciso informarse por las fuentes oficiales para evitar sucumbir a la histeria colectiva por rumores infundados sobre la emergencia. La desesperación bloquea la capacidad de respuesta efectiva.

Lamentablemente, este sábado miles de ciudadanos salieron en estampida a los supermercados, tras viralizarse en una plataforma social la grabación de una persona que alegó tener informes de que el gobierno decretaría el cierre total de operaciones y comercios. Tanto el gobierno como el sector de venta y distribución de alimentos han sido enfáticos en que no está previsto que Puerto Rico quede sin provisiones de alimentos debido a la emergencia por el coronavirus. Todos han hecho hincapié en el pedido de mantener la calma.

Los horarios dispuestos por el gobierno ofrecen tiempo suficiente a la población para comprar lo necesario sin necesidad de abarrotar los comercios. El taponamiento innecesario de personas en tiendas y estacionamientos dificulta el acceso a quienes realmente necesitan reabastecerse de comestibles. Además, los falsos rumores pueden incitar al acaparamiento innecesario que niega a otros el derecho a adquirir víveres.

Cada ciudadano, en particular quienes asumen posiciones de liderato, tiene la capacidad de cortarle el paso al virus de la desinformación, tanto como al coronavirus. Con el mismo celo con que se toman las medidas de prevención de contagios, hay que negarse a reproducir versiones sin base ni confirmación que infunden pánico en la crisis.

Puerto Rico no puede sucumbir ni al coronavirus ni al virus de la desinformación y del pánico. En tiempos de emergencia, es un deber cívico frenar la propagación de ambos.

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