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Normalizar el suministro de gasolina es paso vital

A una semana exacta del paso del huracán María, Puerto Rico necesita resolver con urgencia el problema de la distribución de los combustibles esenciales para restablecer la actividad productiva, la vuelta al trabajo y el paulatino regreso a la normalidad.

El gobernador Ricardo Rosselló ha insistido desde el principio de la emergencia en que el país cuenta con abastos de combustible suficientes para varias semanas. Sin embargo, una evidente escasez se refleja con dramatismo al nivel de los detallistas, en las largas filas en las estaciones de gasolina. El gobierno asegura que se trata de un problema de distribución y falta de disponibilidad de transportistas autorizados, aunque líderes de camioneros ponen en duda tal explicación.

Ciertamente la distribución de combustible se detuvo en los días inmediatos al paso del ciclón por el cierre de las terminales de despacho, una medida preventiva comprensible. Pero hoy se cumple una semana del terrible evento ciclónico y la situación ha pasado de la necesidad inmediata a la desesperación de la población.

El nivel de ansiedad por las filas de horas que tiene que hacer la gente para asegurar uno poco de combustible comienza a tornarse en un desafío a la convivencia. Los actos de violencia como saqueos que se han registrado son muestra de ello y las autoridades de seguridad tendrán que movilizar efectivos para evitar su recurrencia.

El Gobernador, a quien reconocemos el titánico y complicado esfuerzo que dirige, junto a su gabinete y los refuerzos del gobierno federal que han llegado a la isla son los llamados a buscar modos de establecer unas redes de distribución más rápidas y eficientes para que el vital combustible llegue a la gente.

Medidas como la flexibilización de las entregas a nivel industrial y la exención del pago del arbitrio al diésel a centros de atención médica y hospitalaria han viabilizado más entregas. En el nivel al detal, sin embargo, el suministro al presente fluctúa entre 33 y 62 %, dependiendo del mayorista, para atender una demanda en alza para vehículos y plantas eléctricas. A la par, muchas bombas de gasolina o estaciones enteras han quedado inhabilitadas y las formas de repartición de emergencia deben tomar esto muy en cuenta.

De ahí que sustituir a los transportistas que no han podido reportarse al trabajo y reclutar por vías excepcionales a acarreadores de reemplazo es en este momento una tarea apremiante. Una consideración que no se puede descartar es la reasignación de tareas entre personal de las agencias de seguridad, como por ejemplo los efectivos de la Guardia Nacional, hacia la repartición del vital combustible. Igualmente, viabilizar la movilización hacia Puerto Rico de choferes autorizados desde otras jurisdicciones de Estados Unidos.

El combustible es un elemento esencial para la actividad económica, el comercio de bienes y servicios y para la vuelta al trabajo y más adelante a la escuela. En la actual emergencia la lentitud en la repartición de combustible está estrechamente ligada a otros dos grandes problemas: los daños que ha sufrido la infraestructura vial en incontables lugares y las fallas en las telecomunicaciones, tanto las intergubernamentales como las personales.

Por ello nuestro llamado es también a la calma y la paciencia. Además del suministro a los centros que atienden pacientes, deben ser prioridad los equipos de rescate activos en los pueblos y los de remoción de escombros de las vías públicas. Estos facilitan la transportación y la movilidad gubernamental y ciudadana a los sectores incomunicados, las reparaciones de la infraestructura y la misma repartición de combustible.

Lograr la distribución de combustibles a los niveles que se necesitan es indispensable para que las familias puedan satisfacer sus necesidades básicas y para la reapertura de los comercios. En suma, para establecer las bases iniciales para la recuperación.

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