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Prepararnos para el huracán con solidaridad

El paso cercano del huracán Irma ofreció importantes lecciones sobre las fortalezas y debilidades de Puerto Rico, y nos recordó que la protección de la vida prima sobre toda consideración material. Son enseñanzas que debemos tener bien claras ante la llegada inminente del potente ciclón María a nuestras latitudes.

La experiencia ha demostrado que las inundaciones y los deslizamientos de tierra causados por las lluvias son responsables principales de la pérdida de vida, mientras que los vientos y las ráfagas están directamente vinculados a los daños materiales.

Hay que prepararse para ambos, sobre todo porque es de esperarse que el paso de otro potente huracán en apenas dos semanas revierta las reparaciones del maltrecho sistema eléctrico. Al día hoy, cerca del diez por ciento de los abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica carece de electricidad. Es anticipable que la fuerza destructora de María nos deje sin servicio de electricidad y agua potable por algún tiempo.

A diferencia de otros fenómenos naturales, los ciclones avisan de su indeseada llegada y ese es un lapso precioso que no podemos desaprovechar. Cada individuo, familia y comunidad tiene el deber de prepararse. Del mismo modo, los gobiernos estatal y municipales tienen el importante papel de ser guías y garantes de la seguridad y la salud colectivas.

En nuestro país, donde se estima que el once por ciento de la población habita en zonas inundables, lo que se traduce en cerca de 415,000 personas que ocupan alrededor de 165,000 estructuras, la movilización hacia refugios u otros lugares seguros es una previsión obligada que debe ejercerse con tiempo. Las personas que se resisten a ser evacuadas ponen en riesgo sus vidas y las de los sacrificados rescatistas.

Apertrecharse de los suministros esenciales para varios días es vital, al igual que la limpieza de techos y patios residenciales antes de que comiencen los primeros vientos y aguaceros. El huracán Irma dejó una gran cantidad de escombros que, de no removerse, podrían convertirse en proyectiles peligrosos en los vecindarios con la fuerza de los vientos huracanados que se le adjudica a María.

Hay que mantener la calma y poner en alto nuestra confianza en nosotros mismos. Nuestra gente ha probado que, cuando se lo propone, enfrenta con éxito los eventos inhóspitos del trópico, con la solidaridad y reciedumbre que nos caracteriza.

Ante las proyecciones de que María toque tierra borincana, les toca a las administraciones municipales y a la estatal habilitar más refugios que la vez pasada en las zonas más pobres y vulnerables. Muchas de estas apenas se recuperan del paso de Irma. Ese evento atmosférico puso otra vez sobre el relieve el grave problema de seguridad que presenta la construcción informal. Abundantes en la costa y en las laderas de las montañas, estas estructuras son las más susceptibles a deslizamientos y daños. Sus residentes tendrán que ser relocalizados para evitar desgracias.

Asegurar el suplido de generadores de electricidad a las instituciones hospitalarias y centros de salud es vital, como lo es el recogido de escombros en las vías públicas y áreas comunes por las brigadas gubernamentales.

Como en otros eventos, es vital que el gobierno mantenga al pueblo informado sobre todo desarrollo relativo al avance del huracán. María ha ido aumentando su velocidad y la fuerza de sus vientos según se aproxima a nuestra zona. Por tanto, al cierre de esta edición, las probabilidades de un impacto a nuestro territorio son altas. Este escenario que requiere del mayor cuidado.

A lo largo de la historia, Puerto Rico ha sido azotado por huracanes de magnitud, como San Ciprián, que cruzó la isla en 1932, y el más destructivo a la fecha, Georges, que en 1998 causó daños por $1,907 millones.

Preparémonos para levantarnos como lo hemos hecho antes, con responsabilidad y solidaridad. Esa es la fuerza para recuperarnos y enfrentar el futuro con optimismo.

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