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Preservar el agua es clave para el futuro del país

La baja en los niveles de agua en el embalse de Guajataca debe servir de recordatorio de que la limitación del recurso en Puerto Rico obliga a utilizarlo de forma responsable.

Sin descartar de inmediato la posibilidad de un racionamiento, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados ha pedido al abonado moderación en el uso del agua. Para ello ha divulgado una serie de consejos a seguir mientras la isla atraviesa un periodo de baja precipitación. Dichas prácticas deberían ser parte de nuestras rutinas diarias.

El agua dulce es un recurso finito, cada vez más bajo presión en todo el mundo. En islas como la nuestra, conservar este recurso es vital. En al menos dos ocasiones en menos de 40 años, la isla ha sufrido la experiencia de racionamientos prolongados debido a periodos de sequía. Hace poco más de una semana, el Monitor de Sequía de Estados Unidos informó que, pese a algunas lluvias ocasionales en algunas zonas, partes de la isla atraviesan una sequía moderada y la expansión del área seca.

Al 15 de enero, la mayor parte de la isla estaba marcada como zona de sequedad anormal. Y estaban bajo clasificación de sequía moderada un área que abarca parte de los municipios de Ciales, Morovis, Orocovis, Corozal, Barranquitas, Naranjito, Comerío, Cidra y Aibonito, en el centro, así como partes de Lajas, Guánica y Cabo Rojo, en el suroeste.

Comparado con la situación dos semanas antes, el mapa del organismo federal muestra una mejoría relativa en las zonas de sequedad debido a las lluvias de la semana pasada que dejaron una acumulación de poco más de dos pulgadas. Pero desde que el año comenzó, la delimitación y la población estimada en las zonas con sequía anormal o moderada aumentó de ocho a doce municipios y de 179,660 a 219, 232 personas.

A esas regiones se suma ahora el impacto potencial informado por la AAA sobre municipios del noroeste servidos por el embalse Guajataca: Moca, Aguada, Aguadilla, Isabela, sectores de San Sebastián y el barrio Puntas de Rincón.

La corporación ha emitido una serie de recomendaciones que los ciudadanos, empresas y entidades públicas deben seguir con atención para preservar niveles manejables del referido embalse. La AAA, por su parte, ha dicho que ha implementado su plan de acción que incluye transferencia de servicios y activación de pozos.

No obstante, es imprescindible que Puerto Rico adopte las medidas proactivas necesarias para enfrentar el aumento proyectado en la frecuencia de eventos climáticos extremos, sean de lluvias o de sequía y el alza en el nivel del mar que amenaza con salinizar los acuíferos.

La Cuarta Evaluación Nacional del Clima, publicada recientemente por el gobierno federal, advierte sobre estos riesgos, específicamente para la región del Caribe a la que, por primera vez, dedica un capítulo. El documento destaca los riesgos relacionados a la disponibilidad de agua dulce y su impacto potencial sobre la agricultura, la salud humana, la vida silvestre y el desarrollo económico. Propone que, para reducir el riesgo y los impactos adversos, se utilice la información científica disponible sobre las condiciones climáticas actuales y futuras, como base para las pautas de diseño, políticas y prácticas. Sostiene que la adaptación a las variaciones del clima implica un proceso continuo de gestión de riesgos.

Las medidas que ahora toma la AAA deben ser parte de un plan mayor de mitigación y adaptación del cambio climático. Este debe incluir la reforestación y el mantenimiento de nuestras cuencas limpias, para reducir la sedimentación y contaminación de los embalses. La planificación de un desarrollo urbano y de infraestructura que tome en cuenta los criterios de sostenibilidad y las realidades demográficas presentes y proyectadas, y la adopción de las mejores prácticas de conservación tienen que ser parte del plan.

Las medidas que tomemos como país en torno a la preservación del agua determinarán la solidez del desarrollo económico.

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